Martí, el Apóstol, una obra trascendental
Por: Beatriz Sánchez Orraca

Escribir una biografía puede parecer tarea sencilla si de arrojar datos históricos cronológicamente se trata, pero no resultarían estos libros más que un compendio simple e insípido, incapaz de atraer al lector a algo más que la consulta ocasional de algún detalle relevante. Las biografías, si pretenden ser leídas cabalmente y enamorar al lector de la persona sobre la que se escribe, deben incorporar un estilo literario que seduzca desde las primeras páginas y una dosis de creatividad que agregue el punto de ficción que, sin llegar a resultar nocivo para los hechos históricos, encadene la trama como una especie de novela cierta. Tal es el caso de Martí, el Apóstol, una de las biografías más leídas de José Martí y escrita por Jorge Mañach. Dicho texto rebasó la línea temporal de su primera publicación, pues tiene vigencia hasta la actualidad, y sigue siendo un texto esencial en los estudios martianos a pesar de las novedades que han ido apareciendo sobre la vida y obra de José Martí.

Es admirable el nivel de detalle con que se describe el contexto en que nace y vive Martí y cómo el autor logra urdir los sucesos que acontecen en Cuba y el mundo con la biografía que presenta. Si se trata de Cuba no va a faltar una breve explicación de las calles de La Habana, de cómo los hijos de cubanos con los que Pepe pasaba los días escolares eran llamados bijiritas, de los orígenes de los sucesos del teatro Villanueva, del evento con los voluntarios que llevó a Martí al presidio político y de las condiciones del mismo presidio, del puerto que varias veces vio lo vio partir y de la manigua que lo acogió en 1995. Sobre España ofrece breves pero nítidas descripciones de la vida cultural de Madrid y de la romántica Aragón donde despunta la poca flor de la vida del joven Martí. México recibe la pluma del periodista, como lo harían Venezuela, Guatemala e innumerables países después. Estados Unidos, aún monstruoso, ve crecer la mayor parte del proceso de preparación de la Guerra Necesaria, y no pierde oportunidad Mañach de acercar al lector a la vivencia del frío de Nueva York, a la calidez de los tabaqueros del sur, y al ambiente acelerado de política y economía con que lidia la nación capitalista. La biografía aporta al lector una valiosa impresión de los espacios en que se desarrolla Martí, lo cual, a mi parecer, es no menos que admirable, pues ya bastante menester resulta mostrar los pasos del Apóstol, como para añadir un recuento nítido de los lugares que viviera y sus dinámicas.

Llama mi atención igualmente cómo Mañach logra recrear la vida personal de José Martí. Así sucede con la relación bellamente descrita entre Mendive y su alumno, la amistad profunda que creciera entre él y hombres como Fermín Valdés Domínguez y Manuel Mercado, los amores que lo acompañaron de una u otra forma, la adoración inmensa que sentía hacia su hijo, etc. El hecho de que se recreen diálogos entre Martí y algunos de estos seres queridos añade un grato dinamismo al texto.

Además del mencionado diálogo, hay otros variados e interesantes recursos que maneja Mañach como parte de su estilística. Llaman la atención las metáforas, forma expresiva que, al tener un tono poético, conectan los hechos históricos a la sensibilidad del lector. De esta naturaleza se pueden apreciar varios ejemplos: en la descripción de Leonor Pérez cuando por primera vez conoce a Mariano Martí, cuenta que tiene un «ojo empañado por una nube»; del verano de 1868 dice que La Habana «es un hervidero»; al reunirse Martí con Cecilio Acosta se le llena el espíritu de luz. El símil, recurso comparativo más evidente dado el nexo que presenta, también abunda en la biografía. Tal es el caso de la expresión «habla de su isla como de una novia».

El nivel de subjetividad del texto es, sin lugar a dudas, otra de las características que hacen de esta biografía una hermosa obra. Me refiero a la forma en que el autor nos adentra en el supuesto sentir y pensar del Apóstol. Sólo una vida de incansable estudio e investigación de la vida y obra de José Martí puede haberle permitido a Jorge Mañach desarrollar una idea tan clara de la figura sobre la que escribe. Una lectura de este libro es suficiente para empatizar con el profundo patriotismo que guio la mayor parte de la vida de José Martí, con su pasión incansable por la literatura, las artes y el conocimiento en general que hizo de su genio algo casi sobrehumano, con su profundo e inabarcable sentimiento de humanismo. Tal empatía es lo que hace que la lectura se haga más provechosa, permite a los lectores consumir placenteramente las páginas y llegar a sentir pena con un final enteramente consabido.

Por estas razones, Martí, el Apóstol, a pesar de las actualizaciones de corte histórico que han emergido y aún emergerán, no deja de ser un texto clave en los estudios martianos. El contenido que tras décadas de estudio reunió Jorge Mañach para producir dicho libro, debe parte de su trascendencia a la magistral forma con que se presenta.