Los poemas de Versos libres
Por: Dra. Lourdes Ocampo Andina

La delimitación del corpus constituye uno de los primeros problemas a que se enfrenta el editor de los Versos libres. Cada publicación consultada posee diferencias en cuanto a los poemas que incluye. Los compiladores e investigadores han seguido disímiles criterios a la hora de seleccionar las formas menos borrosas a las que aludió Martí en la carta de 1895 a Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Algunos han escogido los poemas atendiendo a la métrica y al estilo; otros (los más) han divulgado todos los que han podido encontrar. Generalmente se ha seguido el orden propuesto por Martí en un apunte de índice para los primeros versos.

La edición princeps de Versos libres data de 1913, en el tomo XI de las Obras de Martí preparadas por Gonzalo de Quesada y Aróstegui, a dieciocho años de la desaparición física de Martí. A sus amigos, particularmente a Manuel Mercado, les había hablado de ellos: “En un libro de versos torvos, que no sé si sacaré a luz, anda este: ‘Muero de soledad, de amor me muero’”,[1] verso que corresponde al poema “Hierro”, pero no es esta la única vez que los menciona; en otra carta al mismo destinatario, en 1886, comenta:

Todo me ata a New York, por lo menos durante algunos años de mi vida: todo me ata a esta copa de veneno:Vd. no lo sabe bien, porque no ha batallado aquí como yo he batallado; pero la verdad es que todos los días, al llegar la tarde, me siento como comido en lo interior de un tósigo que me echa a andar, me pone el alma en vuelcos, y me invita a salir de mí. Todo yo estallo. […] ¡el día que yo escriba este poema![2]

En el prólogo a los Versos sencillos también habla de ellos y los describe:

¿Por qué se publica esta sencillez, escrita como jugando, y no mis encrespados Versos libres, mis endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes miedos o de grandes esperanzas, o de indómito amor a la libertad, o de amor doloroso a la hermosura, como riachuelo de oro natural, que va entre arena y aguas turbias y raíces, o como hierro caldeado, que sirva y chispea, o como surtidores candentes?[3]

Martí no preparó la edición sino que la dejó encargada a Gonzalo de Quesada y Aróstegui. En carta del 1ro de abril de 1895, referida a la publicación de su obra, escribe: “Y de versos podría hacer otro volumen: Ismaelillo, Versos sencillos; —y lo más cuidado o significativo de unos Versos libres que tiene Carmita. —No me los mezcle a otras formas borrosas y poco características”.[4] Entre los papeles apareció una lista de versos que puede entenderse como un índice de este volumen, aunque los “endecasílabos hirsutos” constituyeron muchos más.

En 1933, como culminación a las Obras de Martí, pero con el título de Obras, ve la luz el tomo 16, compilado por Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Este nuevo volumen contiene Flores del destierro, algunas de cuyas composiciones corresponden con la descripción que había dado Martí de sus “endecasílabos hirsutos” en el prólogo a los Versos sencillos. Al final del libro se anexan unos poemas mencionados en el apunte de índice correspondiente a Versos libres encontrados en la enmarañada papelería martiana.

En París y en España también se publicaron los Versos libres a partir de la misma edición. El libro del compilador Alberto Ghiraldo, de la editorial española Atlántida, presenta diferencias en el orden de los poemas, sin explicar a qué se deben dichos cambios. Se supone que sea una agrupación temática, aunque no queda muy claro. En otra sección del libro añade unos “Versos cubanos”, entre los que aparecen algunos de los Versos sencillos.

En 1942, Gonzalo de Quesada y Miranda, continúa la obra de su padre y reedita la poesía de Martí, ahora en los tomos 41, 42 y 43 de las Obras Completas. En una nota a los Versos libres expresa:

En cuanto a los Versos libres, se han añadido numerosas composiciones que no figuraron en la recopilación de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, pero que ahora se pueden intercalar en su lugar correspondiente, de acuerdo con el apunte índice del propio Martí, y al lograr descifrar una gran parte de las mismas, no obstante la frecuencia en que se encuentra la letra ininteligible o apagada la tinta de los manuscritos.[5]

Agrega los poemas: “[No, música tenaz…]”, “[En torno al mármol rojo]”, “[Yo sacaré lo que en el pecho tengo]” y “Mi poesía”.

Acerca del orden de los manuscritos explica: “Por estar la mayoría de las composiciones, que no aparecen en el apunte índice, en hojas sueltas, y por carecer además, de fecha, ha sido prácticamente imposible establecer un orden exacto, aunque se ha intentado hacerlo lo mejor posible, teniendo en cuenta su contenido, y el papel y la tinta empleados en cada manuscrito”.[6] La editorial Lex (La Habana) divulga los poemarios Versos libres y Flores del destierro, siguiendo la edición de Trópico de Gonzalo de Quesada y Miranda en 1946, 1948 y 1953.

En 1963 se publican las Obras completas, por la Editorial Nacional de Cuba, sucesivamente reimpresas, con una amplia recepción. En el tomo 16 aparecen los Versos libres, de los cuales se advierte en la nota preliminar:

se han incluido composiciones que no figuraron en la recopilación de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, descifradas en gran parte a pesar de la frecuencia con que en los manuscritos se encuentran letras y palabras de escritura ininteligible o de tinta desvaída, como ya señaló Quesada y Aróstegui. Las composiciones incluidas se han intercalado en los lugares correspondientes, de acuerdo con el apunte índice del propio Martí.[7]

Los poemas que incorpora ya constaban en la edición de Trópico. La edición de 1963 reproduce los textos, pero realiza cambios, y “corrige” la particular puntuación martiana, pues para su publicación se enmendó el uso de estos signos, respecto a lo que se pensaba correcto en la época.

Tras un análisis exhaustivo de los manuscritos, en 1970 aparecen dos trabajos muy polémicos sobre los Versos libres: “Un orden para un caos”, proyecto de poesía completa de José Martí, por Hilario González,[8] y la nueva edición del poemario, previo cotejo con los originales, a cargo de Ivan Schulman, para la colección de Textos Modernos Hispánicos de la editorial Labor (España).

[1] JM: “Carta a Manuel Mercado, ago. 30 de 1883”, Nueva York, José Martí: Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. 1, p. 266.

[2] JM: “Carta a Manuel Mercado, abr. 22 de 1886”, Nueva York, ibídem, p. 330.

[3] JM: “Prólogo a los Versos sencillos”, Obras completas. Edición crítica, Centro de Estudios Martianos, 2007, t. 14, p. 297.

[4] JM: “Carta a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, abr. 1ro de 1895, Montecristi, José Martí: Epistolario, ed. cit., t. 5, p. 139.

[5] En Obras completas, t. 41, Trópico, La Habana, 1942.

[6] Ídem.

[7] En Obras Completas, t. 16, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, pp. 11 y 12.

[8] Cfr. Hilario González: “Un orden para un caos”, en Anuario Martiano, no. 2, Sala Martí de la Biblioteca Nacional de Cuba, 1970, pp. 193- 375.

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