Las lecciones de Mateo
Por: Graziella Pogolotti

pogolottiPor la punta del caimán, la violencia de la naturaleza pasó despaciosamente. Como si una voluntad autónoma la impulsara a la destrucción sistemática de la obra humana, construcciones, caminos, plantaciones de café, cacao, y coco. Interrumpidas las comunicaciones, el país entero permanecía pendiente de las noticias. En el dolor compartido se junta el pueblo, renacen los valores adormecidos y se fortalece el espíritu solidario.

Hay un factor azaroso en el modo de nombrar los ciclones. Flora hubiera podido evocar un homenaje a la fecundidad de la naturaleza. Su terrible capacidad destructiva borró para siempre el nombre de la lista con el propósito de conjurar el llamado del horror.

El nombre de Mateo me hizo recordar las fachadas de las iglesias románicas. En ellas, los cuatro evangelistas del Nuevo Testamento cristiano aparecían representados mediante las imágenes que los simbolizan. Ángel u hombre, Mateo no tenía figura de animal. Su testimonio bíblico acentúa los rasgos humanos de la vida de Cristo. El narrador no fue un hombre perfecto. Comerciante y tramposo, apegado al dinero, el llamado de las ideas y la práctica cotidiana lo han transformado.

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