La emigración latinoamericana hacia Estados Unidos, una preocupación de José Martí
Por: Marlene Vázquez Pérez

En las postrimerías del siglo XIX la emigración latinoamericana hacia  Estados Unidos aún no tenía los tintes trágicos que ha adquirido  en el presente, a merced del desbordamiento causado por las precarias condiciones de vida al sur del Río Bravo.  Las motivaciones, sin embargo, eran casi las mismas: el sueño americano  se erguía rutilante, como faro que encandilaba a muchos incautos, urgidos por las necesidades económicas, o deseosos de labrarse un porvenir exitoso en lo profesional.

El tema aparece tratado de un modo u otro en la obra del periodista y político cubano José  Martí. Exiliado él mismo por sus ideas independentistas y su oposición al gobierno español que oprimía a su patria, fue testigo de las oleadas migratorias europeas y asiáticas que llegaron a los Estados Unidos. En sus crónicas para los diarios sudamericanos dio cuenta de los conflictos y huelgas obreras en las que los emigrantes jugaban un papel protagónico, tanto por la extrema explotación a que eran sometidos como por la tradición de lucha que traían consigo desde sus países de origen.

Su mirada a los latinoamericanos asentados en el norte es menor, porque menor era la presencia de estos entonces, si se les comparaba con otras comunidades, como irlandeses, italianos, chinos o  alemanes.  No obstante, hay aristas interesantes que es preciso subrayar. En el año 1889, y debido a determinadas circunstancias históricas, el tema aparece tratado en dos textos cruciales. El primero de ellos, desde el punto de vista cronológico, es “Vindicación de Cuba”, artículo publicado en The Evening Post, de Nueva York, como respuesta a una campaña difamatoria sobre los cubanos iniciada días antes por The Manufacturer, de Filadelfia, y de la que se hiciera eco el rotativo neoyorquino. En esos periódicos estadounidenses se tildaba a los cubanos de inútiles, perezosos, inferiores, ignorantes,  incapaces de gobernarse por sí mismos.  Con ello se pretendía justificar, a mediano plazo,  una futura intervención norteamericana en la Isla. Como prueba de la laboriosidad,  entereza moral y éxito  de los emigrados cubanos en Estados Unidos y en otras áreas de la que llamara Nuestra América, escribió entonces:

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