José Martí y los cinco héroes
Por: Ricardo Castrorrivas

Con respeto y cariño para Los Cinco Héroes de la República de Cuba:
Rene González Sehwerert
Gerardo Hernández Nordelo
Ramón Labañino Salazar
Fernando González Llort
Antonio Guerrero Rodríguez

«Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas. Dolor infinito porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarán jamás. (….)

¿Qué es aquello?
Nada.
Ser apaleado, ser pisoteado, ser abofeteado.
Volver ciego, cojo, magullado, herido, al son del palo y la blasfemia, del golpe y del escarnio.
¿Qué es esto?
Nada también.
¡Horrorosa, terrible, desgarradora nada!
¡Oh, y qué espantoso debe ser el remordimiento de una nada criminal!

Los ojos atónitos lo ven; la razón escandalizada se espanta; pero la compasión se resiste a creer lo que habéis hecho, lo que hacéis aún.
O sois bárbaros, o no sabéis que hacéis.
Dejadme, dejadme pensar que no lo sabéis aún.

«Volved, volved por vuestra honra: arrancad los grillos a los ancianos, a los idiotas, a los niños; arrancad el palo al miserable apaleador: arrancad vuestra vergüenza al que se embriaga insensato en brazos de la venganza y se olvida de Dios y de vosotros; borrad, arrancad todo esto, y haréis olvidar alguno de sus días más amargos al que ni al golpe del látigo, ni a la voz del insulto, ni al rumor de las cadenas, ha aprendido aún a odiar.»

El autor de esta valiente denuncia es el Apóstol José Martí, quien con dieciséis años apenas, ciñó sobre su frente la corona del sufrimiento, en defensa de sus ideales.

Es la Cuba colonial en 1869. A un año del Grito de Yara; en plena Guerra de los Diez Años. En la Isla toda hay gran agitación patriótica.

En un cateo que las autoridades españolas hacen en casa de los hermanos Valdés, encuentran una carta comprometedora firmada por José Martí, donde le reprocha a un compañero suyo el haberse alistado en el ejército español.

Martí es detenido bajo el cargo de traición y recluido en la Cárcel Nacional. Después de más de cuatro meses en prisión, es juzgado por un consejo de guerra y condenado a seis años de cárcel.

Es pelado al rape y encadenado de la cintura hasta su tobillo derecho, que le es sujetado con un grillete. Luego lo llevan a trabajar en las canteras. Allí se enferma de los ojos y se le ulcera el tobillo por el roce del grillete.

Por gestiones de sus padres, le conmutan la pena de prisión y es enviado a Isla de Pinos en calidad de deportado. De aquí es desterrado a España.

En Madrid, en las propias entrañas del imperio español, Martí publica en 1871, EI Presidio Político en Cuba Un viril y acusador testimonio sobre la crueldad carcelaria que imperaba en la Cuba colonial.

Desde aquellos oscuros tiempos, han pasado ya 137 años. El imperio español es ahora sólo una amarguísima huella en la historia de nuestra América.

Versión completa: click aquí