José Martí y la política exterior de la Revolución cubana
Por: Dr. Rodolfo Sarracino

Rodolfo_SaccracinoLa visión de José Martí de la política exterior revolucionaria estaba condicionada por la ubicación geoestratégica de Cuba. A partir de 1889 hasta su muerte en Dos Ríos, sus acciones y la lógica de sus principios e ideas se enderezaron –cuando se hallaba aún solo, sin recursos y limitado por su condición de simple emigrante económico en Estados Unidos, vulnerable a cualquier acción represiva del gobierno estadounidense–, a la organización de una revolución en una colonia de poco más de millón y medio de habitantes, debilitada económicamente por una prolongada guerra entre 1868 y 1878, situada a sólo 90 millas de un nuevo coloso imperial, con más de 60 millones de habitantes, una industria pesada bien desarrollada y cuantiosos recursos financieros.
La posición estructuralmente frágil de la revolución se caracterizaba mejor por la paradoja de que su principal retaguardia, los más importantes grupos de emigrados revolucionarios, fuentes de financiamiento y recursos materiales para la guerra de independencia se hallaban justamente en Estados Unidos, el país que se prefiguraba abiertamente como el enemigo estratégico de los pequeños pueblos hispanoamericanos que luchaban por su libertad e independencia en el Caribe, vale decir, Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo, y el pequeño Haití, que aunque originalmente francófono, se hallaba vinculado a las tradiciones liberadoras de los pueblos de habla hispana de la región.
En esas circunstancias tan adversas, en que debía neutralizar una estrategia hasta el día de hoy básicamente fundamentada en la fuerza, Martí desarrolló una política exterior para el movimiento revolucionario basado en principios éticos inconmovibles, sustentados por lo mejor de la ciencia política de su tiempo y del derecho internacional, sin faltarle una aguda visión realista de la coyuntura y del curso de las relaciones internacionales, en el contexto de las contradicciones interimperialistas de su época.
En ese esfuerzo, Martí siempre tuvo presente las experiencias y enseñanzas de Bolívar, en particular acerca de la aplicación del principio del equilibrio en las relaciones internacionales. Comprendió que la viabilidad de la revolución cubana dependía, no sólo de los combates en los campos de batalla, sino de la unidad de la América hispana, frente al peligro de la expansión estadounidense en toda la América Central, el Caribe y Sudamérica, particularmente evidente a partir de 1889, con el inicio de la Conferencia Internacional Americana. Y por esa unidad luchó durante toda su vida.

Versión completa: click aquí