José Martí por el equilibrio de las relaciones económicas internacionales
Por: Msc. Luis Ernesto Enebral Veloso

Al justipreciar la función de los pueblos de América en las relaciones económicas universales, Martí planteó su idea cardinal del equilibrio hemisférico y mundial, la que desarrolló a partir de la interpretación profunda de las nuevas relaciones económicas y políticas que se forjaban a finales de su centuria.

Ante ese complejo escenario, Martí comprendió que América Latina debía contribuir a un estado de equilibrio en las relaciones económicas internacionales y, como parte de ellas, entre los dos factores continentales, dada la posibilidad real de un conflicto que sería de consecuencias desfavorables para los pueblos de menor desarrollo, si antes no alcanzaban el indispensable progreso socioeconómico y forjaban la unidad que preconizaron los próceres de la primera independencia.

Para Martí, América Latina era la base del equilibrio del mundo porque la consideraba vanguardia de los pueblos pobres y colonizados del planeta, ya que la mayoría de la región había alcanzado la independencia política, así como cierto progreso económico y cultural, lo que le daba condiciones privilegiadas para encabezar las luchas de esos pueblos contra las potencias capitalistas.

En la consecución exitosa del equilibrio hemisférico y mundial, Martí daba un lugar especial a Cuba. Las razones que lo llevaron a esta conclusión pueden sintetizarse en: su privilegiada posición geográfica, el conocimiento de que era pieza clave para los intereses estratégicos de hegemonía continental del imperialismo norteamericano ya que le serviría de puente para la penetración en el resto del continente; el entendimiento de que, por tanto, su independencia podía ser un factor que contribuyera a consolidar la independencia de las Repúblicas Suramericanas e impediría el expansionismo yanqui. En carta a Serafín Bello le expresó su preocupación de que la mayoría de las naciones americanas no comprendieran que si consentían que la llave de la otra América quedara en manos extrañas, les iba “…su tranquilidad y acaso lo real de su independencia…”.

Puede servir de argumento una característica del pueblo cubano que Marinello sintetizó como “inquietud y sagacidad política notable y superior al resto de los pueblos latinoamericanos”.

En función del referido equilibrio, la estrategia comercial que Martí propuso a los pueblos latinoamericanos era la concertación de tratados con más de una nación poderosa, buscando de esa forma el equilibrio de las relaciones comerciales externas, idea que se aprecia cuando reconoció, en comentario sobre el caso de México, que se “…hace bien en buscar modo de celebrar tratados eficaces y de inmediatos y equilibradores resultados con todas las naciones de la Tierra…”.

Desde la óptica martiana el equilibrio comercial no era tanto una resultante de relaciones bilaterales justas como de la multilateralidad de las relaciones comerciales externas “con todas la naciones de la tierra”, por eso abogaba por la diversificación geográfica de dichas relaciones, lo que planteó en los siguientes términos: “Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad… El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes”.

En esas relaciones comerciales, Martí manifestó preferencia por el comercio menos desventajoso con Europa, lo que estaba condicionado por dos razones: primera, los productos europeos eran más baratos y mejor manufacturados; segunda, de esta forma se podía mantener un equilibrio necesario entre las grandes potencias imperialistas, de forma tal que la América Latina pudiera mantenerse en medio de estas contradicciones, sin caer en manos de Estados Unidos.

Esto no ha de interpretarse como que Martí fuese promotor de un espíritu de aislamiento antinorteamericano; él reconocía como necesarias e inevitables las relaciones comerciales y de otro tipo entre las dos Américas, pero los principios de esas relaciones debían tributar a las ventajas recíprocas, en condiciones de equilibrio; así, planteó que tratado debía haber, pero no del tipo que había propuesto Estados Unidos a México y que se proponía extender a toda América Latina.

Por tanto, no se trataba de una simpatía por Europa, sino de un aprovechamiento de las diferencias y contradicciones entre las potencias capitalistas en función de los intereses de los países económicamente más débiles del continente americano y, además, de una consecuente oposición al sistema de colonización que Estados Unidos comenzaba a ensayar para someter a dichos países.

La tesis del equilibrio se aprecia en su visión alrededor de la exportación de capitales.

Martí estaba consciente de la necesidad de financiamiento externo para acometer en América Latina las inversiones que demandaba su desarrollo. Pero, tenía sumamente claro que América Latina no debía atarse a Estados Unidos a través de sus capitales, que Europa debía participar también en el aporte de capitales, para que le hiciera contrapeso a los Estados Unidos, a manera de equilibrio. A la vez entendía que esas inversiones debían estar en relación directa con las necesidades del desarrollo socioeconómico de los países receptores y en beneficio de la mayoría de la población.

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