Gómez tiene mucho que decirnos todavía
Por: Felipa Suárez Ramos

No por gusto José Martí ofreció a Máximo Gómez Báez la máxima jefatura del Ejército Libertador para la guerra que organizara con pasión de orfebre. Es que aquel hombre, nacido en Baní, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836, y llegado a Cuba en junio de 1865, se sumó desde los días iniciales a la gesta independentista emprendida por Carlos Manuel de Céspedes en octubre de 1868, y a partir de entonces sirvió fielmente a la causa cubana.

Con motivo del aniversario 180 del natalicio del insigne guerrero, el Doctor en Ciencias Históricas Joel Cordoví Núñez, vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba, conversó con Trabajadores acerca de su impronta en la lucha de los cubanos por liberarse del coloniaje español, y de lo que significó y significa esa personalidad para nuestro país.

“Como bien ha planteado Fidel en varias ocasiones, y la propia historia así lo demuestra, entre los importantes jefes militares que estuvieron bajo el mando del mayor general Máximo Gómez figuran hombres como Antonio y José Maceo, que surgidos del pueblo pelearon junto a él desde 1870-1871, a raíz de la invasión a Guantánamo, y a quienes transmitió toda su experiencia y talento militar.

“El Generalísimo, como justamente se le reconoce, no solo se dio a la tarea de participar en la contienda bélica cubana, sino también a formar a los hombres de esta isla para que estuvieran en condiciones de contribuir a la revolución; su discípulo más aventajado fue Antonio Maceo”.

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