Entre la elucubración canónica y la verdad: un viaje hacia los originales de Polvo de alas de mariposas
Por: Caridad Atencio

Un camino a seguir, una esencia a revelar en el conocimiento de la poesía de José Martí ha venido a constituirse, con el paso de los años y el crecimiento de la bibliografía sobre su lírica, Polvo de alas de mariposa, colección en la que, al decir de los hacedores de la edición crítica correspondiente a 1985, “ocurre, en tono menor una situación análoga a la de los Versos libres: existe un índice manuscrito, pero son mucho más los versos estilísticamente correspondientes a ese título”.[1] Su génesis coincide con un período de agostamiento del romanticismo, que abarca la década de 1870 a 1880 en el que Martí “vuelve los ojos ahondadores al cimiento de la gran poesía hispánica”,[2] como lo prueba la riqueza métrica y rítmica del poemario. Catalogada con acierto por el acucioso ensayista Luis Álvarez[3] como la cuarta colección poética cuyo índice elaboró Martí, en una zona de su obra con cuya publicidad él se ha mostrado más cuidadoso,[4] se distingue en ella la existencia de un estilo y un tono unitarios y la preeminencia de un tema o varios temas sobre otros, así como el carácter autónomo y logrado de la mayoría de estos poemas, de los cuales pretendemos dar fundamento en este ensayo. El tono es diferente al resto de sus libros poéticos, y poderosamente lírico como deliberadamente coloquial, por lo que puede hablarse del carácter experimental de esta colección, fruto de un período transicional.[5] El estudio de este poemario encuentra uno de sus fundamentos en la idea que expresa que el pensamiento de Martí no se puede entender sin su poesía, pues “la poesía de José Martí es, precisamente el testimonio de que su autor no solo es un poeta brillante y excepcional, sino también un profundo pensador utopista, cuya herramienta para pensar era el ‘pensamiento poético’, concepto creado por él mismo”.[6] Al asumir tal objeto de estudio retomamos los presupuestos esbozados por el ensayista Luis Álvarez cuando afirma que: “Urge, entonces, una nueva lectura de ese libro: filológica, primero, con el fin de recuperar su integridad posible; axiológica, luego; para aquilatar la entraña de su diapasón peculiar, de su riqueza estética interior, enlazada con las de Ismaelillo, Versos libres y Versos sencillos, pero también diferenciada de la entonación de estas colecciones”.

Si bien en el cuerpo del acápite se refiere el caso de varios poemas que la edición crítica de 1985 da como textos independientes y en los originales aparecen seguidos, con pruebas de ser no 8 textos, sino solo 4, el resto de los poemas sí ofrecen pruebas de eficacia poética y literaria, de ser textos independientes y terminados con realce y vuelo particular. Esta característica es la que me decidió a estudiar y citar los poemas por la edición de Luis Álvarez, correspondiente al año 1994,[7] donde aparecen las estrofas independientes, una en cada página. En la edición crítica de la poesía publicada en 2007 los textos aparecen la mayoría de las veces unos a continuación de otros, repetidos con todas sus versiones (manuscritas o mecanuscritas), con separaciones que indican en unos casos independencia y a un tiempo falta de papel, y en otros, contigüidad, lo que no ha sido apreciado por algunos críticos y editores. Por otra parte, la riqueza filológica de que viene dando prueba el análisis es un elemento a tomar muy en cuenta cuando pensamos en la legitimidad de la existencia del poemario Polvo de alas de mariposa.

Un estudio de tal envergadura no puede asumirse cabalmente si no recurrimos con celo y detenimiento al cotejo de los originales. Por nuestras indagaciones pudimos comprobar que en los documentos que atesora la Oficina de Asuntos Históricos los poemas aparecen unos a continuación de otros, a veces manuscritos, y generalmente mecanografiados, sin el orden que muestran en la edición crítica de la Poesía de José Martí publicada en 1985, que es el que retoma (1994) Luis Álvarez en la primera impresión en forma de libro independiente, pero esto responde, sin dudas, al posible índice del poemario que Martí dejó en dos hojas manuscritas, consultadas también en los originales. Los escritos a mano son legibles en su mayoría. Hay textos que tienen una versión manuscrita y otra mecanuscrita, e incluso tachados con una barra, con dos o con tres barras por Martí, lo que indica el grado variable de su inviabilidad hacia ellos.[8] Igualmente se da el caso de poemas que aparecen recogidos en las ediciones de Polvo de alas de mariposa de los cuales no se han podido encontrar originales.

[1] José Martí: Poesía completa. Edición crítica, Letras Cubanas, La Habana, 1985, p. 9. Dicha edición estuvo al cuidado de Cintio Vitier, Fina García Marruz y Emilio de Armas, lo que, sin dudas, como afirma Luis Álvarez, se erige en fundamento para el rescate de este poemario.

[2] Ángel Augier: Acción y poesía en José Martí, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1982, p. 35.

[3] Luis Álvarez Álvarez, “Pro captu lectoris: los versos mínimos de José Martí”, en Conversar con el otro. Ediciones Unión, 1990, La Habana, p. 22. El ensayista ha sido, hasta el momento, el principal estudioso de dicha colección. El primero que llamó la atención de la valía y carácter autónomo del poemario. En “Pro captu lectoris: los versos mínimos de José Martí”, el investigador reconoce al conjunto como poemario, insiste en llamarlo colección, siguiendo la pauta que le brinda la “Nota editorial” de Poesía completa (Edición crítica de 1985). Caracteriza las singularidades de este cuaderno en relación con otras agrupaciones líricas martianas, y fundamenta la necesidad de estudiar Polvo de alas de mariposa y asumirlo como unidad independiente cuando afirma: “Polvo de alas de mariposa”, por el solo hecho de haber sido en algún momento encarada por Martí como unidad poemática, es también imprescindible, con independencia del tono lírico predominante en ella, y aun de la consideración de que sus versos sean de una estatura cualitativamente distinta, o, para decirlo llanamente, valorada como inferior en significación y trascendencia”.

El también profesor universitario propone una nueva ubicación del libro dentro de la Poesía completa de Martí, y lo coloca a continuación de los Versos sencillos, en su calidad de colección unitaria, precediendo todos los poemas sueltos o circunstanciales de Martí. Se detiene en los pormenores de la gestación del poemario en la que juega un papel muy importante el “Cuaderno de apuntes 6” que recoge una parte de aquellos textos, y profundiza en los nexos estilísticos en cuanto a métrica entre el poemario y la serie “La pena como un guardián”. La caracterización métrica del conjunto ocupa buena parte del estudio donde se clasifican los textos en tres modalidades estróficas presentes, es decir: madrigales, pavanas y epigramas. Álvarez también es el responsable de la edición (1994) de Polvo de alas de mariposa en forma de libro –según él, la primera del cuarto poemario martiano en su plena independencia y perfil específico– y de su prólogo, que, aunque está basado en el ensayo aquí comentado, profundiza en otros aspectos iguales de importantes, tales como la procedencia del título, la idea del verso natural y su manifestación en esta colección, y algunos elementos que dicha entrega comparte con otros poemarios martianos. Hace referencia a la autenticidad de estos versos y a la diferencia respecto al yo romántico, y su condición de fruto novedoso del modernismo.

[4] Ver Osmar Sánchez Aguilera: Las martianas escrituras, Centro de Estudios Martianos y Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 2011, p. 50. Este ensayista atinadamente refiere una razón que bien puede erigirse como fundamento de la necesidad de mi objeto de estudio: “Una evidencia más: la imagen establecida de Martí, moldeada primero por él mismo, ha solido sobreponerse a la lectura de sus textos, dando como resultado no pocas veces la reducción de estos a confirmación ilustradora de aquella imagen, la que él quiso legar, la que entendió más necesaria a sus objetos centrales de vida. Aprovechando una metáfora de ascendencia astronómica, ese fenómeno podría representarse como un planeta con tanta fuerza gravitacional que termina por atraer a su propia órbita o hacer una extensión suya a cuanto cuerpo textual se le aproxime. De ahí que toda nueva lectura de Martí lo sea también (e incluso tenga que serlo) de los modos de lectura que se han ejercido sobre su obra. Imposible acercarse a esa obra sin tener que ver, en un mismo acto, con los modos de lectura que han contribuido a fijarla como tal”. (Osmar Sánchez Aguilera, “La ‘memoria de un guerrero’: José Martí, su escritura, su poesía (Apuntes de trabajo)”, en Revista de la Universidad Cristóbal Colón, 27, Veracruz, 2011, p. 30.)

[5] El carácter experimental de la colección viene dado también por su brevedad, como acertadamente apunta Luis Álvarez, pues son “poemas mínimos, que oscilan en general entre cuatro y doce versos. En ellos se presentan diversas combinaciones métricas”, estudiadas con acierto por este ensayista. (Luis Álvarez: “Pro captu Lectoris…”, p. 27.). En el libro, Martí une versos de arte menor y arte mayor, a diferencia del resto de sus poemarios esto explica que el tono de la estrofa, la segmentación y el ritmo del cuaderno sean distintos. Lo que Luis Álvarez fundamenta con primicias y acierto, en el prólogo a la edición de 1994 del poemario, (p. 8): “La primera cuestión es de carácter eminentemente rítmico, en lo que se refiere a la estructuración métrica. Martí fue muy preciso en lo que pudiérase llamar la peculiarización métrica de las otras tres colecciones. Como se sabe, Ismaelillo se asienta especialmente sobre heptasílabos y pentasílabos. A su vez, los Versos sencillos conceden predominio extraordinario al octosílabo. Por último, los Versos libres se concentran en el endecasílabo. Esta separación entre los versos de arte menor y los versos de arte mayor, en un poeta tan audaz y creativo como Martí, podía estar pendiente de una orquestación de metros diversos: y es eso justamente lo que marca las estructuras rítmicas de Polvo de alas de mariposa, donde se reúnen, en una sucesión rigurosamente gradual, trisílabos, tetrasílabos, pentasílabos, hexasílabos, heptasílabos, octosílabos, eneasílabos, decasílabos, dodecasílabos y alejandrinos. El poeta crea, entonces, un poemario de impalpable sinfonismo, de osada libertad versal. Pero ello se produce sin anarquía: el despliegue melódico resulta represado con mano firme en una colección donde, de manera sorprendente, el poeta vierte su voz en tres tipos (y solo tres) de composición lírica: el epigrama, el madrigal y la pavana, como si quisiera mantener un acerado equilibrio entre la extrema diversidad métrica y una consciente y victoriosa organización de los ritmos de este tipo en una triada de modos de entonación temática […] Esto convierte al poemario en especialísimo no solo en el conjunto de la poesía martiana, sino también en el panorama de la creación lírica de su tiempo”.

[6] Yuri Guirin, Poesía de José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2010, p. 8.

[7] Esta reproduce la edición crítica de 1985.

[8] Los poemas que tienen una versión mecanuscrita son: “Dirán, puede ser que digan”, “Digo que cuando salto”, “De enfermos no me digas”, “Ya cruza los mares”, “El ancla está levada”, “Aunque pases, pasa”, “Logré sus miradas”, “Mis pensamientos”, “En chispas como el fuego”, “Señor la claridad que te pedía”, “Pastores risueños”, “Tocad a su puerta”, “Ayer, al darme al sueño como en nube”, “Que de qué madera”, “¿Qué me pides? Lágrimas?”, “Dicen que Nubia es tierra de leones”, “Murmurando versos”, “Cuando viene el verso”, “En los diarios que leo”, “Cuanto pudo ser ha sido”, “Vete, bien puedes irte”, “Tiene el cielo la vía láctea”, “Lo que al labio saco”, “De estos versillos”, “Al compás de los versos de Meleo”, “Todas las fieras se han dado cita”, “De un padre que tuve”, “Airados me preguntan”, “Escribe:”, “Y tú, pobre mujer que sacudiste”, “Papel podrá faltarme”, “Surjo!– La noche llega: a mí la rima”, “Como entre malezas león dormido”, unido a “Toma este hierro, –y a la moza infame”, “Naturaleza mi desdicha sabe”, “Oigo el fuego silbando, y me parece” y “La tierra –oigo decir– toda la tierra”. Tienen más de una versión mecanuscrita: “Que piense? No pienso” (3 versiones), “Que mis versos vuelan” (2 versiones) y “Venid, que os llene de clavel y de violas” (2 versiones). Los que aparecen manuscritos son: “No leas en libros ajenos”, “Magnífica doncella”, “Yo tengo en mi oficina”, “Pues digo que el ajenjo”, “Me casé? Yo me casé”, “Cuando le digo adiós” y “De mis versos ¿qué me queda?”. De ellos tienen 2 versiones: “¿Mi cráneo? Dices que saber te holgara” y “Como una enredadera”. Por último, poseen una versión manuscrita y otra mecanuscrita: “Me han dicho que la estrella”, “Oh ven, oh ven: tú dejas en mi vida”, “Pintar! No puedo pintar”, “De levantarme acabo”, “Hay en el cielo, como el mar paisajes” y “Mañana, como un monte que derrumba”.

 

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