El Pacto del Zanjón y la Protesta de Baraguá en la mirada de Martí y de Fidel Castro
Por: María Luisa García Moreno

En febrero de 1878, mientras que Antonio Maceo cosechaba éxitos militares como los de la llanada de Juan Mulato y San Ulpiano, se firmó el Pacto del Zanjón.

Tras diez años de incesante combatir las fuerzas y, sobre todo, las finanzas españolas se hallaban exhaustas. Desde diciembre, Arsenio Martínez Campos había ordenado una tregua  indefinida en el Camagüey e intentaba acercarse a los hambreados y desnudos mambises. De hecho, ya algunos jefes mambises, como: Vicente García y Serafín Sánchez, habían dado pasos en ese sentido. El golpe de gracia lo daría quien con ello ganó el calificativo de Pacificador, cuando prometió la libertad a todos los esclavos que peleaban en las filas del Ejército Libertador, libertad que disfrutaban desde el momento mismo en que empuñaron las armas y que había sido ratificada por la legislación mambisa, pero de alcance solo en los campos de Cuba Libre.

La política “pacifista” de Martínez Campos comenzó a rendir frutos cuando, el 8 de febrero de 1878, se reunió la Cámara de Representantes en San Agustín del Brazo, Camagüey, y acordó su propia disolución, con la única protesta de Salvador Cisneros Betancourt. En su lugar se creó el llamado Comité del Centro, encargado de las negociaciones de paz, en representación del pueblo camagüeyano.

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