Comité Central Cubano: una organización de emigrados cubanos.
Por: Dra. María Caridad Pacheco González

Caridad_PachecoLa historiografía cubana cuenta con una abundante bibliografía que aborda las ideas de José Martí acerca de la necesidad de un partido revolucionario para alcanzar la absoluta independencia nacional y fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia; sin embargo, la misma muy pocas veces ha enfocado el análisis en función de confrontar estas concepciones con las de los otros líderes indiscutibles de la contienda, Máximo Gómez y Antonio Maceo, al menos en lo que se relaciona con su programa y plan de acción y sus antecedentes, lo que de hacerse, explicaría en cierta medida tanto las coincidencias como las discrepancias coyunturales afrontadas por los tres próceres en el camino para dotar a la Revolución de una organización que la librara del desorden social y de la tiranía.

Con este propósito se realizó la investigación acerca de una organización de emigrados denominada Comité Central Cubano, organización creada en 1885 en Cayo Hueso con el fin de coordinar la labor de los clubes patrióticos y que no ha sido suficientemente investigada ni siquiera en obras relacionadas con el Programa de San Pedro Sula o Plan Gómez-Maceo, en cuyo contexto tuvo lugar su constitución. Una aproximación a los elementos estructurales y constitutivos de esta organización permitiría comprender las posiciones favorables de Gómez y Maceo con relación a los objetivos político-sociales del Partido fundado por Martí en 1892 y dilucidar hasta qué punto pudiera considerarse uno de sus precedentes.

Constituida en el contexto del Programa de San Pedro Sula, esta organización tiene en sus deberes y atributos un vínculo afín al programa que le dio origen, lo que se aprecia en sus tareas políticas a favor de la unidad más amplia, que no excluye el elemento español, la necesidad de contar con la preparación y disposición de los habitantes de la Isla para llevar a cabo la lucha armada, procurar los fondos necesarios entre las emigraciones de Estados Unidos y otros países con vistas a garantizar el armamento y el traslado de los jefes a los escenarios de la guerra, y apoyar el trabajo de la prensa ya establecida como palanca poderosa para impulsar el movimiento. Los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo confiaron, al igual que lo haría Martí una década después, en los sectores más humildes para llevar a cabo su plan revolucionario, aunque las circunstancias económicas y políticas no les fueron favorables.

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