Ciencia y conciencia, principio martiano de la educación cubana.
Por: Dra. Nancy Chacón Arteaga

Hoy como nunca antes en el devenir histórico de la humanidad, se ha manifestado la agudización de la lucha de clases en la marcada brecha entre ricos y pobres, a partir de la superconcentración en manos de unos 7 países, del primer Mundo, del poder económico y político, la generación del conocimiento científico y tecnológico de punta, que sustentan los tentáculos de las transnacionales, girando en la órbita de la globalización neoliberal, asfixiando a los pueblos del 3er Mundo, con su hegemonismo y expansionismo imperial a punta de misiles, dispuestos a barrer con la cultura e identidad de los pueblos, sin tener en cuenta sus aportes milenarios.

Ya desde mediados del siglo XX, en el marco de la post guerra, el relevante científico Albert Einstein emitía su mensaje al 43 Congreso de la Ciencia y el progreso en Italia, dirigido a los científicos sensatos y honestos del mundo, a cumplir con “la responsabilidad moral del científico”, que para él significaba descubrir la verdad, llegar al conocimiento, y no dejarse manipular, ni vender su libertad y dignidad personal, a poderes económicos y políticos, ética y moralmente ciegos, caracterizando así la peligrosa situación, que desde aquel momento avizoraba como una real amenaza y peligro para la humanidad como especie y para su hábitat: el planeta.

En 1970, el oncólogo norteamericano V. R. Potter, planteó la necesidad de buscar un puente hacia el futuro que concibió en una forma nueva de entender los dilemas éticos que se presentaban con el desarrollo científico y tecnológico y las manipulaciones en el campo de las ciencias médicas y la apertura hacia la ingeniería genética, que concibió como Bioética.

Ante lo que pasaba en su realidad social con el hegemonismo mundial de los centros de poder político económico, la ciencia y tecnología al servicio de la carrera armamentista, entre otros antecedentes, consideró una necesidad crear un nexo entre las Ciencias humanísticas y sociales con las Ciencias Naturales, que tuviera la máxima de “no dañar” y de que “el fin no justifica los medios”, para lo cual se necesitaba una conciencia y visión diferente del lugar y papel del hombre en relación con su medio.

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