Canarias en José Martí
Por: Dra. María Caridad Pacheco González

Caridad_PachecoJosé Martí, Héroe Nacional de Cuba y uno de los ilustres pensadores americanos de la segunda mitad del siglo XIX, basó esencialmente toda su acción a favor de la liberación nacional y continental y de la transformación social de su pueblo, en principios éticos que le permitieron convocar a una guerra sin odios y con gran respeto y simpatía hacia los pueblos de la Metrópoli que se proponía combatir. Así quedó recogido en los principales documentos programáticos de la Revolución independentista que él organizó, como fueron el Manifiesto de Montecristi y las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

Hijo de valenciano y de isleña de Canarias, tomó conciencia muy temprano de aquella España culturalmente mestiza y popular que pudo valorar en su propio medio familiar, lo que le permitió vislumbrar que, dentro de la sociedad española decimonónica, existía una masa de españoles no identificada con la política colonial, que por afinidad, intereses comunes e historia podía prestar su contribución a la lucha emancipatoria del pueblo cubano. Estos eran –según Martí– el “andaluz descontento”, el “isleño oprimido”, el “gallego liberal” y el “catalán independiente”. A ellos les dijo: “¡somos hombres, además de cubanos, y peleamos por el decoro y la felicidad de los hombres!”.

Además de la situación económica, política y social que caracteriza a la colonia y que ha de marcar su infancia y adolescencia, la influencia más directa en el ámbito de la lucha social, fue la de su hogar humilde. En más de una ocasión el patriota cubano proclamó la humildad de su origen: “Pues mi padre, Sres, fue un soldado; pues mi madre, Sres, aunque por su heroica entereza y clarísimo juicio, la tenga yo por más que princesa y más que reina, es una mujer humilde” y enfatizó el rol de sus padres en su formación humana: “¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”, señalaría con justicia. Como ha señalado muy certeramente Fina García Marruz, el amor de Martí por “los pobres de la tierra” empezó en el hogar de sus padres.

Al margen de los sentimientos y de algunas características físicas que un biógrafo le señaló como “derivaciones de lo guanche”, el conocimiento acerca del archipiélago canario le viene a Martí por haber estado probablemente en las “afortunadas” cuando, camino a Valencia en 1857, el buque en que viajaba hizo una breve escala en Tenerife, y por la relación íntima que sostiene con la madre, quien es lectora y crítica de sus primeras obras literarias.

Es muy sugerente el hecho de que Martí siempre asociara a su madre con la valentía, la entereza, el clarísimo juicio. Ella, que rompiendo los cánones de la época había aprendido a leer y a escribir a espaldas de la autoridad paterna, redacta las cartas dirigidas a la más alta autoridad del país, para solicitar la libertad del hijo condenado a una larga pena de cárcel por infidencia. Mucho se ha especulado de dónde le venía al famoso escritor su interés y conocimiento de las costumbres e historia de Islas Canarias, y no sería osado asegurar que estos se forjaron en la relación íntima que lo unió a su madre, Doña Leonor Pérez.

Esta relación quizás haya inspirado algunos de sus relatos y apuntes. Tal es el caso de “Un juego nuevo y otros viejos”, aparecido en la revista La Edad de Oro, que publicó para los niños de América, y en el que describe y alaba algunas tradiciones isleñas y hace alusión a la enseñanza de la lucha canaria en las escuelas.

La madre, quien se quejó en más de una ocasión por su intransigente lucha anticolonialista, que ponía en riesgo su vida y restaba seguridad y bienestar a la familia, ya viuda, viajó en noviembre de 1887 a Nueva York, donde residía el hijo desde 1881, para llevarle un anillo grabado con la palabra CUBA, hecho con un eslabón de la cadena del grillete que llevó en presidio. Con este gesto, daba muestra de su aprobación al destino revolucionario que el primogénito había elegido. Si este hecho no bastara, solo habría que recordar la carta de despedida a la madre, el 25 de marzo de 1895, en vísperas de su incorporación a la guerra, en la que expresa: “¿por qué nací de Ud con una vida que ama el sacrificio?”. Y al final, la convicción de que aún cuando su madre sabía que iría contento y seguro a la lucha, no eran inútiles la verdad y la ternura.

A esa guerra partiría junto a otros muchos cubanos, entre los cuales se destacó un grupo numeroso de combatientes de origen canario. Una Revolución que se hacía “contra la codicia e incapacidad de España” y contra “el dominio de castas” y “el provecho ilegítimo de pocos”, tenía que contar con la magnífica contribución de los canarios humildes y luchadores, que eran la inmensa mayoría de los radicados en Cuba. De hecho, ya habían realizado aportes sustanciales a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), pero la Revolución que se iniciaba en 1895 no solo se proponía alcanzar la ansiada independencia, sino también construir una república en revolución que suprimiera la estructura colonial que sobrevivía en muchas repúblicas latinoamericanas.

Durante muchos años las publicaciones identificadas con los intereses de las clases opresoras en Islas Canarias resaltaban los méritos de aquellos que combatían en el ejército español durante la guerra de independencia, y los valores de la nacionalidad eran utilizados para convencer a la sociedad española y a la opinión pública internacional de que los independentistas cubanos odiaban a España y a sus hijos. Esto se hacía con el propósito de frenar las ansias libertarias tanto en el archipiélago como entre los emigrados.

La historia recoge la participación de canarios a favor de la Metrópoli colonial; tal es el caso que menciona Martí del político, diplomático y periodista Fernando León y Castillo (1842-1918), quien descolló como orador parlamentario, cualidad que alabó el Apóstol, al mismo tiempo que criticó su postura intransigente en relación con el status colonial de Cuba y Puerto Rico. No obstante, estas fuerzas fueron minoritarias porque en las filas del Ejército Libertador, en las del Partido Revolucionario Cubano, y en las de los núcleos clandestinos, actuaron miles de canarios. Si los canarios eran el 41% de los españoles que lucharon junto a los mambises cubanos, y los españoles eran unos 15 mil, hay razón para afirmar que esta participación fue destacada.

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