Diario de campaña de José Martí: Un sueño, hecho voz y poesía
Por: María Elena López

José Martí escribió asombrosos apuntes sobre tradiciones en los campos de la región oriental del país, primera y única vez que incursionaba por esta región montañosa cubana.

Testimonio fiel es el diario de campaña desde Cabo Haitiano hasta Dos Ríos, sitio de su caída en combate. El 17 mayo de 1895 tiene como fecha final de sus anotaciones en las que describió la naturaleza de las montañas de Baracoa, Guantánamo y parte de la actual provincia Santiago de Cuba.

Antes de partir hacia Cuba, el 25 de marzo 1895, le escribió a Federico Henríquez y Carvajal que él había evocado la guerra, por tanto su responsabilidad comenzaba y no terminaba con ella. Así se despidió de la tierra amiga para vivir a la patria desde adentro.

Cuba, principio y fin de una Vida y un Sueño. En eso radica, creo yo, la importancia de este documento, en distinguir cómo este hombre de existencia citadina, por demás un intelectual, rebosa en gozo al “estar todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber”, expresado en la carta del 18 de mayo de 1895, al amigo mexicano Manuel Mercado y que fusiona con la responsabilidad y desprendimiento en su nueva condición de guerrillero.

El Diario de Campaña fue publicado por primera vez el 18 de noviembre de 1940 en el Diario de Campaña del Mayor General Máximo Gómez, editado con motivo del aniversario 104 del natalicio del Generalísimo. Desde los 4 días transcurridos de camino, reflejó con admiración la crecida del río y la belleza exuberante del intrincado baracoense, que aún hoy, pasado más de 100 años, sigue con un paisaje no transformado por la mano del hombre: sus árboles maderables, comidas tradicionales y hábitos heredados hasta la actualidad; el agua fresca encontrada en el curujey.

¿Y cuál habitante actual de estos parajes no conoce el frangollo, dulce típico de Baracoa?, ¿Y el cucurucho o el puerco guisado con plátano y malanga?

La descripción es insuperable sobre el ambiente y la solidaridad campesina.

Una invitación a la lectura de lo genial martiano: no se puede pasar por alto cuando destacó “La noche bella no deja dormir. Silva el grillo; el lagartijo quiquiquea, y su coro le responde; aún se ve, entre la sombra, que el monte, es de cupey y de paguá, la palma corta y espinuda; vuelan despacio en torno las animitas; entre los ruidos estridentes, oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea, se enlaza y desata… Se nos olvidó la comida: comimos salchichón y chocolate, y una lonja de chopo asado. La ropa se secó a la fogata.”
Para la medicina tradicional, el diario es una fuente de sabiduría cuando plasmó diferentes remedios caseros del monte como el grano de café crudo y el culantro para el dolor de estómago, la hoja de la yamagua para detener la sangre de una herida, la yagruma para el asma, la sabina y el cedro por el aroma que brinda en el aguardiente, la hoja de tomate con el sebo de carnero para el forúnculo.

La identidad asumida en las plantas, los alimentos y los remedios caseros. Árboles como la yaya, majagua, cupey, café cimarrón, güira, jigüe, jugabàn, quiebrahacha, picapica, yamagua y el más fuerte de ellos: el caguairán. Carne de puerco con aceite de coco, dulce de raspa de coco con miel, frangollo (dulce de plátano, queso y agua de canela y anís), cucurucho de dulce, puerco asado y frito, jutía ahumada, ajiaco, cerdo guisado con plátano y malanga, plátano frito, tasajo de vaca con huevos, gallina entomatada, pan de maíz y tortas de maíz. La canchánchara, bebida exquisita en la ciudad de Trinidad, remonta su origen a nuestra región oriental.
El compuesto de aguardiente con miel se tomaba caliente, como un trago nutritivo y tonificante para calentar el pecho y evitar varias afecciones respiratorias.
Como toda la obra martiana, se define el estilo, marca indeleble de que cada inspiración tiene su lenguaje. Precisa la poesía del alma como ésta fechada el primero de mayo “…El sol brilla sobre la lluvia fresca; las naranjas cuelgan de sus árboles ligeros; yerba alta cubre el suelo húmedo; delgados troncos blancos cortan, salteados de la raíz al cielo azul, la selva verde: se trenza a los arbustos delicados el bejuco.
Y el comentario  queda empequeñecido ante la última obra del héroe cubano, quien siempre tuvo la visión esencial de un periodista.
En la lectura, sentí el andar de sus pasos, el descubrimiento de un entorno desconocido y soñado, esenciales para la historia las definiciones sobre la Guerra Necesaria y la contienda pasada, sus jefes, lugares y hechos importantes, la descripción de los compañeros en la cotidianidad; la campiña cubana de entonces y todo lo concerniente a la estructura y conducción política de la guerra, aciertos y desaciertos.
Vigente la faceta de soldado con la pluma al ristre, expresada magistralmente en la tesis del diario “Yo alzaré el mundo. Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador…”
Siempre estas páginas serán una invitación a lo selecto sobre costumbres, solidaridad humana, sentimientos de lealtad, gratitud, amor, mitos, leyendas y defensa del medio ambiente. Es atributo de la enseñanza martiana que nos legó como una hermosa herencia del gran latinoamericano, presente en todos los tiempos. Guía de la problemática que le tocó vivir, profundamente analizada por él y que trasciende en la infinitud de la Patria de hoy.

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