De todas partes: José Martí siempre cubano
Por: Pedro Pablo Rodríguez

Más de la mitad de los 42 años de vida de José Martí transcurrieron fuera de Cuba. La niñez y la adolescencia fueron las etapas más largas de residencia insular, a pesar de casi dos años con la familia en Valencia, España, y muchos meses en Honduras Británica, hoy Belice, con su padre.

Pero la sociedad habanera le trazó los rasgos de su personalidad y, sobre todo, su amor patrio.

Conoció el puerto activo, la marinería pendenciera, los elegantes esclavos caleseros y las esclavas domésticas, los orgullosos negros libres, los inmigrantes de la metrópoli y de otras tierras. También el trepidante tráfico de aquella ciudad de administración, comercio, teatros y entretenimientos a menudo poco pudorosos.

Mendive, su maestro y guía espiritual, y sus compañeros de aula como los hermanos Valdés-Domínguez, le abrieron bibliotecas, salones, artes y letras.

Patriota desde joven

La política cubana se calentaba rápido y su fuego llegaba  a la muchachada. Al entrar Pepe en la adolescencia, el padre se dio cuenta de que su hijo era un rebelde contra la esclavitud, y el racismo, contra el sistema colonial y a favor de la república libre.

El muchacho leía y escribía sin cesar, gustaba del teatro, y al iniciarse la insurrección en el ingenio Demajagua, Céspedes fue su héroe y volcó su patriotismo en periódicos.

Solo cuando vio su cuerpo destrozado por el trabajo en  las canteras, el padre lloró y comenzó a entender cómo las llagas terminaron de fijar la cubanía del hijo y su compromiso libertador.

El deportado que llegó a Madrid denunció los horrores de las canteras, el vil asesinato de los estudiantes de medicina y la corrupción de la administración colonial. Su patriotismo se afianzó sin odio al español de trabajo y honesto, al que escuchaba y atendía al cubano.

El cubano polemista por la Patria

Las largas estancias de Martí fuera de Cuba no solo significaron un enriquecimiento de su patriotismo, sino que en numerosas ocasiones disputó con los defensores del colonialismo español en distintos lugares.

En México, donde se enroló en el ejercicio del periodismo diario, sostuvo numerosas polémicas a propósito de  la Guerra de los Diez Años con publicaciones de la colonia española.

En Guatemala y en Venezuela hizo público su compromiso con la libertad cubana y buscó adhesiones favorables a ello.

Ya en su madurez como escritor, en sus Escenas norteamericanas, más de una  vez se pronunció contra las posturas anexionistas y las expresiones denigrantes sobre los cubanos de la prensa y de políticos de Estados Unidos. Sus análisis acerca de la sociedad norteña pusieron de manifiesto la incompatibilidad de Cuba libre con el naciente imperialismo monopolista.

Martí, cubano total

En varios momentos, el Maestro calificó a la patria de madre y esposa. Las luchas independentistas fijaron una imagen gráfica de la patria como una mujer.

Lo notable es que para Martí esa patria femenina ocupara a la vez los lugares de dos mujeres decisivas en su vida: su progenitora, Leonor Pérez, y su esposa, Carmen Zayas-Bazán, ambas perturbadas en su relación con él por su amor a la patria, a la mujer irreal que lo alejaba de ellas.

Fue un drama terrible aquel para Martí: la madre y la esposa no cejaron en sus apreciaciones. Él renunció a su vida íntima para trabajar por y para la patria. Sufrió tanto por ello que a su amigo Manuel Mercado le escribió que estaba muerto por dentro.

Es de creer, sin embargo, que fue feliz con esa entrega a Cuba, pues le dio sentido pleno a su existencia, hasta el sacrifico de su propia vida.

Tomado de: https://www.radioreloj.cu

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