Tres fechas en las raíces de Cuba

Por: Armando Hart Dávalos

La memoria histórica, clave filosófica esencial10 de octubre de 1868
20 de octubre de 1868
23 de octubre de 1953
Armando Hart Dávalos

Antes de hablarles del significado de estas tres fechas quiero subrayar que este encuentro se convocó para el 12 de septiembre en el décimo aniversario del secuestro —no puede llamarse de otra manera— de nuestros Cinco Héroes y su arresto criminal por la llamada “legalidad norteamericana”. Dedicamos estas palabras a ellos, y en especial a sus familias, las cuales caracterizo como el ejemplo más alto de la familia cubana de hoy.

Empiezo hablando de tres fechas: el 10 de octubre de 1868, el 20 de octubre de 1868 y el 23 de octubre de 1953. La primera, el alumbramiento de la nación. La segunda, la cristalización de la cultura nacional. La tercera, el programa de la Revolución para el siglo XX: La historia me absolverá. En ellas se encuentran tres luces que son una sola: la identidad nacional cubana y sus raíces bolivarianas.

¿Cuáles son esas luces?: las que en el siglo XXI levantan nuestra América ante el mundo amenazado de exterminio por el imperialismo voraz y en proceso de decadencia, pretendiendo fragmentar a las naciones, que como otras veces he dicho, acabará fragmentándose él mismo. Si sus intentos criminales se concretaran, sucedería lo que alguien dijo una vez. Rosa Luxemburgo afirmó “socialismo o barbarie”. Más recientemente alguien señaló “barbarie si tenemos suerte”.

Sobre las ruinas del imperio, en el siglo XXI, se alzan estas tres fechas como expresión de la dignidad nacional cubana, esto le da un alcance universal a la cultura del país porque desde sus raíces está enlazada a la aspiración de la justicia, “sol del mundo moral” como dijera Luz y a la justicia como categoría principal de la cultura.

La Guerra de los Diez Años comenzada el 10 de octubre de 1868 es, como he dicho, la fecha del natalicio de nuestra nación, marca los límites de dos épocas. Antes, esclavitud, anexionismo y reformismo eran corrientes que se imponían; después desapareció la esclavitud, naufragó el anexionismo e históricamente el reformismo devino una concepción política cada vez más reaccionaria.

El 20 de octubre de 1868, cuando las tropas de Carlos Manuel de Céspedes tomaron la ciudad de Bayamo y Perucho Figueredo, montado en su caballo, le dio letra a la música de lo que después sería el himno del país, cristalizó el ideal de cultura nacional que tenía un rico antecedente en el pensamiento abolicionista e independentista de Varela, en la escuela de Luz y Caballero y en un intenso movimiento pedagógico, literario y filosófico que acabó articulándose con la lucha de los esclavos y de amplios sectores del pueblo contra el régimen de explotación colonial y el oprobioso sistema de propiedad de unos hombres sobre otros.

La identidad lograda desde los inicios de la Guerra de los Diez Años alcanzó una plenitud y una síntesis superiores en la unión del Partido Revolucionario Cubano de 1892 y el Ejército Libertador reconstruido por Gómez, Maceo y Martí. Esa identidad estuvo marcada por la conjunción de una alta cultura de raíces populares, capaz de alentar y orientar la movilización social y la lucha heroica del pueblo trabajador por sus derechos y libertades.

Esta síntesis entre lucha político-social e ideal cultural está en el centro del patrimonio espiritual de la nación cubana. Fraguó en nuestro país una cultura de raíz ibérica y africana de vocación universal, que es parte inseparable de la gran patria bolivariana a la que Martí llamó “América trabajadora”.

En cuanto al 23 de octubre, permítaseme reproducir algunos párrafos del discurso que pronuncié en Camagüey cuando colocamos un retrato de Abel Santamaría en el Instituto de Segunda Enseñanza con la colaboración de Jesús Suárez Gayol, entonces dirigente estudiantil en aquella institución. Fui acompañado de Haydee. Decíamos entonces:

Locos, y han escrito en el único lenguaje que entienden Ios llamados cuerdos, en el lenguaje de los hechos, que Revolución es algo más que cambio de mando, que Revolución es transformación radical de nuestras condiciones de vida. Locos, y hoy miles y miles de jóvenes miran hacia el 26 Julio, porque el 26 de Julio ha escrito la tesis de la nueva generación revolucionaria, que hoy por hoy es la única fuerza que enfrenta a la dictadura.

El mejor homenaje que yo pueda hacerle a Abel Santamaría en este acto, es el de decir que él comprendió mejor que nadie, porque sintió más que nadie, que el problema cubano no es político, como quieren los partidos plantear, sino que es esencialmente económico, es social, es también forjación de conciencia ciudadana.

Casi inmediatamente señalábamos que José Martí dijo: “Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.”

Y esa Cuba que ellos soñaron, esa Cuba a la que Abel Santamaría se entregó, es la Cuba que en el concierto de naciones libres, es la nación en la plenitud de su vigencia histórica, que Martí nos enseñó a amar y conocer. Es la Cuba que aún no tenemos. Es la Cuba que hemos de lograr. Es la Cuba Universidad del Continente.

Esto fue lo que expresé en 1953, hace más de 50 años. Hoy podemos decir: es la Cuba que tenemos y que puede brindar al mundo una síntesis de la memoria histórica de América Latina y el Caribe en la que, como señalaba Bolívar “somos un pequeño género humano”; es la Cuba de alcance universal que todos los días estamos abrazando. Conservar esta memoria histórica es, pues, un deber no solo para nuestro país, sino para el mundo.

Pero hay más, en carta al presidente de México Adolfo Ruiz Cortines con motivo de la detención en ese país de Fidel Castro y sus compañeros en 1956, antes del desembarco del Granma, le decía:

Cuba, Honorable Sr. Presidente, está al borde de una Revolución que transformará el orden social y político y sentará las bases de una democracia socialista y revolucionaria. Nosotros representamos la vanguardia de esa revolución, ya que por imperativo de las circunstancias estamos en el deber patriótico de conducir al pueblo en este minuto incierto en que el gobierno lo ha llevado a un callejón sin aparente salida […]

En Cuba existen razones políticas, sociales, económicas, culturales y aún jurídicas para que nos decidamos por el camino inevitable de la violencia. Con esto no estamos haciendo más que seguir entre otros el ejemplo de México.

Cuando dije entonces el ejemplo de México me refería a la Revolución Mexicana de 1910 y 1917.

Un repaso de La historia me absolverá, cinco décadas después, me ha dejado impresionado por la fuerza histórica y cultural de aquel documento. Puede parecer extraño que me sorprenda con su relectura porque hace ya medio siglo que se había grabado profundamente en mi conciencia. Es que el tiempo transcurrido ha iluminado aún más su dimensión y me inspira, por tanto, nuevas reflexiones que quiero trasmitirles a ustedes.

El célebre discurso de Fidel ante el Tribunal de Urgencia se presenta en el nuevo milenio como el alegato revolucionario más importante del siglo XXI no solo cubano, sino latinoamericano y mundial. No encuentro un documento de mayor trascendencia jurídica y política que la defensa y denuncia del Comandante en Jefe en el Hospital Civil de Santiago de Cuba en octubre de 1953. Se trata, desde luego, del programa de la Revolución. Es el acta de nacimiento del período histórico de los últimos 50 años, es decir, de la Revolución que en 1961 proclamó su carácter socialista.

En este octubre de 2008, con la mirada puesta en la fecha, invito a meditar sobre lo siguiente:

La masacre de Pando, Bolivia, y la acción criminal contra el gobierno legítimo de ese país, llevó a la presidenta pro tempore de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), a convocar a una reunión de emergencia de dicha organización que concluyó con una declaración en la que se resalta el valor de la ética y de lo jurídico como cuestión fundamental. Ya esto se había observado desde hace semanas con la reunión de Santo Domingo, y es que Bolívar y Martí tienen una tradición de dos siglos en que se desarrollan estos valores como esenciales.

El pensamiento filosófico cubano tiene que empezar por la ética y el derecho en su relación con la cultura y la política práctica. De esto hay mucho que hablar. Por esto, concluyo con “un mínimo de filosofía”, como ha solicitado Fidel. Pongamos en alto las estrofas inmortales del Himno Nacional bolivariano: “Gloria al bravo pueblo/que el yugo lanzó/la ley respetando/la virtud y honor”.

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