Los caminos del socialismo en el siglo XXI

Por: Armando Hart Dávalos

Se ha suscitado internacionalmente un renovado interés por las ideas de Carlos Marx y otros pensadores marxistas a partir de la necesidad de encontrar el hilo conductor del nuevo socialismo, el del siglo XXI, que necesitamos, y vemos con entusiasmo que ese reclamo brota con intensidad en la Venezuela de Chávez. Es una línea de investigación y análisis indispensable, la cual debe ser ampliada con la participación de muchos cubanos, venezolanos y latinoamericanos para hallar el definitivo camino de una sociedad en que no haya ni explotados ni explotadores. Hoy es nuestra América la fuente principal para ese socialismo con el más elevado pensamiento de Europa, el de Marx, Engels y Lenin; y el más alto de América: Bolívar, Martí y una legión de próceres de dos siglos.

Por ello vengo planteando crear un espacio para el debate que podríamos identificar con el título Nuestra América y el nuevo socialismo, con el objetivo de encontrar los nexos entre las ideas de los grandes sabios de la historia humana y los desafíos actuales para hallar el camino de la justicia a escala universal. Lo haría sobre la base de un riguroso pensamiento científico relacionando las ciencias naturales con las humanidades y humanistas, es decir, ciencia y utopía. “Vengan todas las utopías, pero sometámoslas al rigor de la ciencia”, dijo nada menos que Augusto Comte.

Sobre el fundamento de esta aspiración creo que nadie cuestione con rigor la vocación y orientación científica de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin. Pero se suele pasar por alto el valor espiritual de sus enseñanzas. Marx sostenía que la poesía de la revolución europea del siglo XIX solo podía generarse desde el futuro, y señaló:

“Entonces no habrá dudas de que el mundo ha poseído durante largo tiempo el sueño de una cosa, de la cual sólo le basta la conciencia para poseerla realmente. Entonces no habrá duda de que el problema no lo constituye el abismo que se abre entre los pensamientos del pasado y los del futuro, sino la realización de los pensamientos del pasado.”(1)

Hay en estas formulaciones doble poesía, la de soñar con el futuro y la de procurarlo por vías científicas. Antonio Gramsci calificaba asimismo estas teorías de hermoso sueño:

“En la acumulación de ideas que se nos ha trasmitido a través de un milenio de trabajo y pensamiento, existen elementos poseedores de un valor eterno, los cuales no pueden ni deben perecer. La pérdida de la conciencia de estos valores es uno de los signos más alarmantes de degradación que ha ocasionado el régimen burgués, porque para éste todo es convertible en objeto de transacción comercial y el arma bélica, y nuestra tarea consiste en recuperarlos y hacerlos brillar con una nueva luz.”(2)

En ese sentido nadie puede dudar en cuanto al carácter del pensamiento de José Martí, pero puede no tenerse la misma claridad en el valor científico de sus ideas. Propiamente el Apóstol halló la síntesis ente ciencia y utopía. Veamos si no el siguiente párrafo:

“Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas,-y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día.”(3)

La edad moderna surgió bajo el símbolo de Caín y Abel desencadenando los peores instintos de los hombres y exaltando el humanismo y el sentido universal de justicia. Solo reconociendo esta dualidad y trabajando a favor de las más nobles aspiraciones humanas podremos trascender plenamente la época en que vivimos, en donde ha culminado un proceso de milenios repleto de contradicciones y antagonismos y en la que ha ido prevaleciendo la fiera que es todo hombre a que se refirió Martí.

Solo con la cultura, la ética, la educación y la solidaridad podremos alcanzar ese sentido universal de justicia que late fuertemente en la conciencia humana como un elemento decisivo de su propia naturaleza. Y esta posibilidad exige un esfuerzo mancomunado de científicos naturales, científicos sociales, de las humanidades, pedagogos y políticos y cuantas otras especialidades se requieran para llegar, sobre la base de un concepto de cultura general integral, a los caminos prácticos que necesita el mundo.

En fin, invito a que con Marx, Engels, Lenin, Martí y todos los sabios que en el mundo han hablado –desde Cristo y Espartaco, hasta el Che Guevara– de la justicia y la igualdad entre los hombres, a encontrar y andar por los caminos del socialismo del siglo XXI.

(1) Marx, Carlos. Obras escogidas, Oxford University Press, 1977, p. 38.
(2) Gramsci, Antonio. El príncipe moderno y otros escritos, Internacional Publishers, N.Y., 1957, p. 20.
(3) Martí, José. Carta a María Mantilla, O. C., t. 20, p. 218.

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