Cohetes morales

Por: Armando Hart Dávalos

Es nuestro deber rescatar, exaltar y darle continuidad a las ideas de Ernesto Che Guevara acerca del hombre nuevo como portador de enormes posibilidades creativas. No seríamos fieles a su memoria si dejáramos de analizar sus concepciones e iniciativas, actualizándolas a la luz de nuestras experiencias de hoy, de manera que permita a las nuevas generaciones darle continuidad a su inmenso legado.

El Guerrillero Heroico destacó la influencia de los estímulos morales en la edificación de la nueva sociedad. Durante la Crisis de Octubre de 1962, “en aquellos días luminosos y tristes”, como el Che los calificara, Fidel Castro subrayó que los soviéticos podían quitarnos los cohetes nucleares que habían instalado en Cuba, pero nadie podría arrebatarnos los cohetes morales que nuestro país mantenía. Estos últimos son los que explican la supervivencia y la sostenida influencia de la Revolución cubana.

Más de cuatro décadas después, el tema de la subjetividad se nos revela en una forma más completa y definida y constituye una clave para encontrar las vías hacia un nuevo pensamiento filosófico y para la acción política que demanda el siglo XXI y en especial América.

En los años 60, Fidel y el Che situaron la subjetividad en los procesos de la historia. A partir de ello, el Che profundizó en sus ideas económicas. En El socialismo y el hombre en Cuba, el Che aborda el tema crucial de la superestructura ideológica, política, moral y cultural y de sus relaciones con la base económica en la especificidad cubana de los primeros años de la Revolución. Allí está embrionariamente presentado el análisis de los factores superestructurales y subjetivos en relación con la base material de la sociedad socialista en general. Subrayó que el socialismo estaba en pañales en cuanto a la elaboración de una teoría económica y política de largo alcance. Todo lo que esbozaba —decía— era tentativo porque ello requería de una ulterior elaboración que no pudo realizar. Sigue siendo, pues, un texto esencial que los revolucionarios contemporáneos debemos estudiar profundamente.

En una época en que se insistía en el estímulo material para la movilización social y la producción, él insistía en los instrumentos y mecanismos de índole moral, sin olvidar una correcta utilización de los estímulos materiales, sobre todo de naturaleza social.

Se planteó hace 40 años el problema en el plano de la creación directa, es decir, del resultado inmediato de la actividad productiva del hombre. Hoy lo debemos situar en el plano más amplio y general de la cultura.

El comandante Ernesto Che Guevara es una señal de las mejores tradiciones del siglo XX, y se proyecta con esa luz en esta nueva centuria. Fue el primero que habló de la necesidad de forjar al hombre del siglo XXI. Hoy nos percatamos que arribamos a él en medio de la más profunda crisis humanística de la historia de la civilización occidental.

En nuestros días, el tema de la economía y sus vínculos con la cultura, con sus implicaciones éticas, jurídicas y políticas, constituye un elemento clave para la estabilidad de los sistemas sociales y forma parte de los retos actuales que nos plantea la globalización. No estamos en el siglo XIX ni en la Europa de Marx y Engels; estamos en el XXI y en la América nuestra, que se nutrió, sí, de la lucidez del pensamiento europeo, pero que debe hacer frente a nuevos y complejos desafíos.

Los impresionantes avances realizados en el terreno de la ciencia y la tecnología han puesto sobre el tapete, con una enorme fuerza, el papel del hombre con un alto nivel de instrucción como factor esencial y determinante de la producción. Ello subraya la necesidad de realizar estudios económicos concretos, que nos revelen científicamente que la cultura es el factor más dinámico de la historia económica del mundo y en especial del que estamos viviendo.

La cultura es el factor de mayores posibilidades de relaciones e influencia con los diversos sectores de la sociedad. No hay esfera que tenga mayores posibilidades de influir sobre el conjunto de ellas como la cultura. Esto se explica filosóficamente en la cosmovisión martiana fundada en la integridad de los diversos órdenes de la realidad, de donde procede su concepción del equilibrio en cuanto ley matriz esencial que rige tanto la naturaleza como el espíritu, así como para el arte, la ciencia, la economía, las relaciones sociales y la política.

La economía no está al margen de esta conclusión, por el contrario, la cultura tiene un peso decisivo especial en ella por su dinamismo y capacidad de movilización social. En el tejido de las relaciones sociales que se establecen en los procesos económicos está presente la cultura y se enriquecen a partir de ella.

Ha sido bastante común subrayar el papel preponderante de la base respecto a la superestructura y, por tanto, de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producción, descuidando el análisis del factor subjetivo en su influencia recíproca con los llamados elementos objetivos y su papel en el desarrollo tanto de las relaciones de producción como de las propias fuerzas productivas. Sin embargo, está demostrado que el soporte subjetivo juega un enorme papel con su influencia sobre el medio que lo rodea y en particular sobre la economía.

Hoy, más que nunca antes, se impone estudiar las ideas de la Revolución cubana en relación con la influencia de los factores subjetivos en la economía que movieron la atención y el trabajo del Che. Sus ideas dejaron una huella imperecedera en el pensamiento político y social universal y constituyen en nuestros días un referente insoslayable para avanzar hacia ese mundo mejor por el que luchamos. Ahí están nuestros cohetes morales.

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