Día de la Ciencia Cubana en el Centro de Estudios Martianos

Con el reconocimiento a trabajadores destacados y la presentación virtual del Anuario 42 del Centro de Estudios Martianos, se celebró en esta institución el Día de la Ciencia Cubana.
Teniendo como guía la idea del Comandante en Jefe Fidel Castro, de que “(…) entre los hombres de pensamiento hay que librar la batalla, entre los hombres de pensamiento hay que formar la legión que brinde los recursos de su inteligencia a la Revolución en esta hora (…)”, la directora del CEM, Dra. Marlene Vázquez, ofreció un balance de las grandes tareas acometidas por los investigadores que, aún en tiempos de aislamiento social, han sabido contribuir con su trabajo intelectual.
Con la presencia de la Dra. Teresa Viera, Asesora de la Dirección de Ciencias del MINCULT, el Dr. Héctor Hernández Pardo, subdirector General de la Oficina del Programa Martiano y otras personalidades de las instituciones martianas, la ceremonia fue propicia para conocer acerca de la inscripción de los tres proyectos de investigación del CEM en el Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas del CITMA; así como los prestigiosos reconocimientos que durante el año recibieron los científicos de este centro consagrado al estudio y promoción de la vida y obra de José Martí.
Convencidos de que el futuro de Cuba tiene necesariamente que ser un futuro de hombres y mujeres de ciencia, los trabajadores del CEM no encuentran mejor manera para celebrar el Día de la Ciencia Cubana que diseñar, ensayar y poner en práctica nuevas formas de investigar en red, para que ni las difíciles condiciones de pandemia, frenen el deber supremo de contribuir al desarrollo social de la Nación.

Palabras en el acto por el Día de la Ciencia Cubana, enero de 2021

Dra. Marlene Vázquez Pérez Directora del CEM

Como ya es tradicional en el CEM desde hace varios años, celebramos en esta fecha el Día de la Ciencia en nuestro país. Fue instituido en 1990, al cumplirse el trigésimo aniversario de esta afirmación visionaria del Comandante en Jefe Fidel Castro: «El futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia». La misma tuvo lugar el 15 de enero de 1960, durante el discurso pronunciado por la celebración del vigésimo aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Este aserto, casi en los albores del proceso revolucionario, cuando aún no se había iniciado la Campaña de Alfabetización, da la medida de la importancia y el protagonismo que se le ha reconocido al quehacer científico en nuestro país, y explica por sí sola los logros crecientes en ese terreno.

La presente conmemoración está aún marcada por el signo fatídico del año anterior, que nos obligó a replantearnos todo el trabajo de la institución, y que puso a prueba la resistencia y creatividad de cada uno de nosotros. No somos la excepción, sino que formamos parte de todo el conjunto de profesionales de las ciencias en nuestro país y en el mundo. De buenas a primeras, nuestras dinámicas de faena cotidiana fueron brutalmente alteradas, y lo que se dio en llamar teletrabajo, práctica existente en muchos lugares, y ahora privilegiada por la forzosa necesidad de continuar produciendo en medio de la pandemia, irrumpió en el escenario laboral cubano sin tener el aseguramiento infraestructural y tecnológico necesario en la mayoría de los casos. Hubo que hacer de tripas corazón, como se dice en buen cubano, y suplir las carencias con inventiva, pues como reza el viejo adagio, la industria es hija de la necesidad. Los académicos de este centro no somos la excepción, sino que formamos parte de esa mayoría que trabajó incansablemente en este año 2020, sobreponiéndonos a limitaciones de todo tipo, como las ya aludidas, además de tener que lidiar con una 2 conexión a internet muy deficiente, y de la convivencia forzosa de toda la familia, a toda hora del día, a veces en espacios exiguos, con la consiguiente pérdida de concentración para llevar a vías de hechos nuestros objetivos profesionales. Si además de eso se es mujer, madre, esposa, hija encargada de padres ancianos, abuela, categorías en las cuales entramos, de un modo u otro, casi todas nuestras compañeras, el cuadro es aún más complejo. Hacer ciencia en esas condiciones, coordinar el trabajo de equipo, aglutinar criterios científicos o editoriales, debatir ideas, mantener la vida cultural de la institución en la práctica, pero también haciéndonos visibles en medios de comunicación y redes sociales, no es poca cosa. Significa poseer una extraordinaria tenacidad, un amor infinito a la sabiduría y un compromiso irrestricto con José Martí, con el Centro de Estudios Martianos, con la Patria, con la Revolución. Es tener conciencia de que aun en las circunstancias más difíciles, como las que hemos vivido,-y seguimos viviendo en el presente–, en medio del esfuerzo por la supervivencia, agravado por una crisis económica cada vez más profunda y lacerante, y una batalla ideológica encarnizada, nuestra contribución en esta hora crítica para la Patria era, y sigue siendo, cumplir con nuestra cuota de saber, era, y sigue siendo, influir todo lo posible en el cultivo del espíritu, porque no hay necesidades más perentorias ni heridas más profundas que las del alma.

En medio de esas circunstancias, se desarrollaron múltiples actividades. Quiero compartirlas brevemente con Uds. no por vanidad o autocomplacencia—enemigas silenciosas de la osadía investigativa, de la constancia en el trabajo, de la sana ambición hacia metas más altas. En estos meses tristes, los pocos que veníamos a esta hermosa casona la veíamos desierta, dando una pesarosa sensación de abandono, y de paro laboral. Eso fue solo en lo aparente, porque al hacer el análisis del cumplimiento de nuestros objetivos de trabajo, nuestra perspectiva cambió totalmente. No se trata, repito, de exceso de optimismo. Pensemos, si no, en el homenaje a Martí, llevado a cabo virtualmente, poco después del cierre del CEM, cuando se conmemoraron los 125 años de su caída en combate.

Y no fue solo la fuerza de nuestro colectivo de investigadores escribiendo textos para el Portal lo que se desplegó, sino que fuimos capaces de implicar a buena parte de la población, que 3 envió sus opiniones, sus creaciones, sus testimonios visuales, demostrando esa devoción profunda que cada cubano de bien, sea cual sea su formación o extracción social, siente hacia José Martí.

O los homenajes, virtuales también, al 43 aniversario de la fundación del Centro; a los 90 años del Dr. Roberto Fernández Retamar, nuestro director fundador, y del Dr. Armando Hart; o al cumpleaños 94 de Fidel; o los tributos póstumos a Ivan Schulman y a Eusebio Leal; o la contribución a las lecturas de verano, del Instituto Cubano del Libro, con cápsulas de promoción de nuestras publicaciones, o el crecimiento de la Biblioteca digital, disponible en el Portal José Martí, con el esfuerzo consiguiente de los compañeros implicados. O la participación virtual en el Congreso de LASA; o la grabación y envío de conferencias de varios investigadores nuestros, hacia las Cátedras martianas de Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y México En estos dos últimos casos, la conexión fue en vivo, en horas extralaborales, entre otras muchas. Y si de logros académicos se trata, pueden verse los 8 resultados aprobados en el Consejo científico en línea, tarea ardua coordinada con paciencia y minuciosidad por la Dra. María Caridad Pacheco, nuestra Vicedirectora de Investigaciones, a través del correo electrónico o el teléfono.

 Resultados Científicos Introducidos:

Servicios Científico – Técnicos:

Publicaciones por investigadores

Y en medio de todo, hubo que encarar la inscripción de nuestros tres proyectos de investigación en el Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas del CITMA, tarea cumplida satisfactoriamente, en tiempo récord, y sin experiencia previa al respecto de ninguno de los implicados. Con ello se cumple una disposición legal, pendiente en el CEM desde hace muchos años, pero que rige la actividad científica en el país desde hace más de una década. Además, se garantiza así una remuneración superior a cada uno de los implicados en los proyectos, lo cual significa, al mismo tiempo, un estímulo y una mejora material de las condiciones de vida de nuestros profesionales. Debemos mencionar también, que aunque por razones obvias el nivel de ingreso no se iguala al de años anteriores, pudimos aportar en este período en los siguientes rubros:

Es justo entonces que mencionemos aquí los premios obtenidos por el CEM en este período, 5 Premio Colectivo Orden ―Carlos J. Finlay‖, Academia de Ciencias de Cuba. Reconocimientos Nacionales Pedro Pablo Rodríguez López Maestro de Juventudes otorgado por la Asociación Hermanos Saíz. Ibrahím Hidalgo Paz Medallón 180 años del Primer Archivo de la isla de Cuba, entregado en el Memorial José Martí por ―importantes aportes a la difusión de la memoria histórica y la cultura en general‖. Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas Premio de investigación cultural por la obra de toda la vida que otorga el MINCULT. María Caridad Pacheco González Medallón 180 años del Primer Archivo de la isla de Cuba, entregado en el Memorial José Martí por ―importantes aportes a la difusión de la memoria histórica y la cultura en general‖. Mauricio Núñez Rodríguez Premio Alejo Carpentier de ensayo que otorga el Instituto Cubano del Libro.

No podía ser de otra manera en un Centro dedicado a la investigación de la vida y la obra de José Martí, y a la promoción de ese legado. No podía ser de otra manera, repito, porque el propio Martí fue dueño de una erudición encomiable en materia científica, y si no fue un filósofo en el sentido estrecho del término, sí era un pensador de altísimos quilates en el ámbito de las Ciencias sociales y Humanísticas, en el sentido más amplio. También, sin duda, dedicó páginas incontables a divulgar asiduamente el pensamiento científico y los avances de la ciencia y la técnica, y abogó por su incorporación sistemática a la enseñanza, como vía para ir familiarizando a los estudiantes de todas las edades con estas cuestiones de honda repercusión social. Recordemos entonces ese fragmento inolvidable de su carta a María Mantilla, fechada el 9 de abril de 1895, y considerada como su testamento pedagógico: 6 Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familia de estrellas,-y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día. Es hermoso, asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo: verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar, y aprender en esa majestad continua el gusto de la verdad, y el desdén de la riqueza y la soberbia [¨…] Felicitémonos todos por ser profesionales de las ciencias, y por contribuir, desde nuestros saberes, a la defensa de los más sagrados valores patrios. Muchas gracias.

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