El 25 de marzo de 1895 en la escritura martiana

El 25 de marzo de 1895 firmaban José Martí y Máximo Gómez un documento trascendental para la Historia de Cuba, y por extensión para toda Nuestra América: el Manifiesto de Montecristi. En él se delineaba con claridad, concisión y belleza poética, la Guerra Necesaria, sobre la base del análisis crítico de la contienda anterior y la defensa de la soberanía de la República futura, esa que concibiera con todos y para el bien de todos, para decirlo con sus propias palabras.
Casi siempre que los estudiosos piensan en ese día, aluden al Manifiesto, pero pocas veces se recuerda que en esa fecha también redactó el Maestro dos cartas, conocidas como testamentos, por ser de despedidas. Ambas constituyen ejemplos de síntesis, de emotividad, de patriotismo. Ellas son, a la vez, obras maestras del género epistolar, condenado a desaparecer en nuestros días. Me refiero a las misivas a su madre, y al intelectual dominicano Federico Henríquez y Carvajal.
De la primera, dijo Miguel de Unamuno, al hacer un balance de la epístola en nuestra lengua, que era “una de las más grandes y más poéticas creaciones —en ambos sentidos del término oración— que se puede leer en español.” Repasarla hoy no solo confirma cuánta razón tuvo entonces el gran poeta y pensador español; es una experiencia espiritual, ética, poética, irrepetible. Ella mueve, por sí sola, a continuar la búsqueda del resto de la obra martiana, si no se es un lector asiduo, o a integrar para siempre la enorme legión de discípulos e indagadores que ya tiene en las más diversas culturas, si se es un estudioso de su obra.
Quien dude de lo anterior, que lea esta pequeña joya literaria:
Montecristi, 25 marzo, 1895
Madre mía:
Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces si que cuidaré yo de Vd. con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.
Su
J. Martí
Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que Vd. pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.

Leer este texto ejemplar lleva también al pensamiento por caminos insospechados. El lector comienza a establecer asociaciones con las cartas de Doña Leonor a su hijo contenidas en ese libro utilísimo, Destinatario José Martí, debido al trabajo investigativo de Luis García Pascual, cuya lectura recomiendo. También conduce al pensamiento hasta aquel hermoso fragmento, al parecer, por el tono, de un discurso, en el Martí se enorgullece de sus modestos orígenes familiares, y se define a sí mismo como continuador voluntario de la sencillez de su estirpe, continuada en el hijo entrañable: “Pues mi padre, Sres., fue un soldado; pues mi madre, Sres., aunque por su heroica entereza y clarísimo juicio, la tenga yo por más que princesa y más que reina, es una mujer humilde; pues mi hijo, señores, aunque en mis versos le llame yo mi príncipe, será un trabajador, y si no lo es, le quemaré las dos manos […]”.
Y ese amor desbordado a la familia va de la mano en sus últimos textos del mismo amor patriótico a Nuestra América. El llamado a la unidad, a la fraternidad entre nuestros pueblos, brota de manera natural en el tercer texto fechado ese 25 de marzo, conocido como testamento antillanista: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.
Hoy, ante la amenaza hegemónica y descabellada del gigante norteño, siempre al acecho de cualquier oportunidad de intromisión en nuestros asuntos regionales, sigue siendo válido aquel llamado de Martí, expresado en ese propio documento: “Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino.”

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Nota del Centro de Estudios Martianos

“La higiene va siendo ya la verdadera medicina, y con un tanto de atención, cada cual puede ser un poco médico de sí mismo.”José Martí. “Sección constante.” La Opinión Nacional, Caracas, mayo 3 de 1882, Obras Completas, tomo 23, p. 286.

El Centro de Estudios Martianos, en la actual coyuntura epidemiológica de lucha contra el COVID-19, hace una cordial invitación a todos los internautas cubanos y extranjeros a ser responsables y cuidar su salud y la de los demás. Un modo agradable y útil de aprovechar el ocio forzoso desde nuestros hogares es disfrutar de la lectura de la obra de José Martí  o de los estudios que sobre ella divulgamos en nuestro Portal. A continuación detallamos algunas secciones dentro del sitio donde pueden encontrar nuestros contenidos.

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Manifiesto de Montecristi, un legado actual

El año 1895 fue decisivo para el inicio de la Guerra Necesaria concebida por José Martí. Enero deparó el fracaso del plan de La Fernandina, denominado así por el nombre del puerto del mismo nombre del sur de la Florida, donde se organizaría la salida de tres expediciones perfectamente armadas que debían arribar simultáneamente en la zona central y oriental de Cuba con cientos de patriotas.

Martí se impuso al fracaso, y mantuvo la decisión de iniciar la insurrección, aunque para ello sus máximos dirigentes arribaran al archipiélago en lo que fuera posible, muy lejos de los planes iniciales .

El 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez se encontraban antes de embarcar hacia Cuba, casi al final de sus aventurados periplos en el pueblo de Montecristi, en República Dominicana, donde firmaron un documento elaborado principalmente por el Maestro, que reflejaba a su vez el sentir de Gómez y Maceo y otros dirigentes, y anunciaba al mundo las razones del comienzo de la guerra del pueblo cubano por su independencia.

Bajo el nombre de Manifiesto de Montecristi quedó rubricado el legajo, que destacaba: “Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América.”

Además de analizar críticamente el pasado reciente de los procesos independentistas latinoamericanos del siglo XIX, muchas veces frustrados por el caudillismo y guerras civiles fratricidas, el Manifiesto se adelantó a su tiempo y alertó sobre las sanguinarias dictaduras que luego proliferaron en la arrancada del siglo XX en el continente con el surgimiento de las clases explotadoras nacionales nacidas de las viejas estructuras colonialistas.

Igualmente denunció y rechazó el racismo, el miedo al negro, factor que contribuyó al Pacto del Zanjón y a la conclusión de la contienda de los Diez Años y alertó: “La Revolución, con su carga de mártires desmiente indignada, como desmiente la larga prueba de la emigración y de la tregua en la isla, la tacha de amenaza de la raza negra con que se quisiese inicuamente levantar por los beneficiarios del régimen de España, el miedo a la Revolución”.

En Montecristi se proclamaron principios éticos y progresistas para iniciar una guerra, aunque solo “terminable por la victoria o el sepulcro” y conducida por dirigentes limpios de odio y garantía por el respeto al español que no se oponga , ni se humille “siquiera de un grupo equivocado de cubanos”.

Esbozó que el nuevo proyecto libertario no pretendía ninguna intervención militar extranjera para concluir la guerra que en aquel contexto solo podría ser la de Estados Unidos, lo que se evidencia en su afirmación de que: ”Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero”.

Pocas semanas después, Martí, ya en la manigua redentora, le escribió a su amigo Manuel Mercado, horas antes de caer en combate el
19 de mayo de 1895, afirmaciones que revelan el calado de esas palabras del Manifiesto de Montecristi, al explicar que la independencia cubana se hace para impedir la extensión imperialista de Norteamérica a la región y su conocida declaración de que todo lo realizado y lo que hará se debe a ese fin superior.

El Manifiesto de Montecristi no solo fue el programa estratégico para la Guerra Necesaria, también conformó el concepto de Patria que soñó Martí, independiente también del imperialismo yanqui, legado que tiene plena vigencia para los tiempos actuales y futuros de la nación cubana en su lucha, ya centenaria, por perdurar frente a la voracidad imperial del “norte revuelto y brutal que nos desprecia” (…), como expresó el Apóstol.

Tomado de: http://www.acn.cu

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Martí por Guadalajara

La Cátedra Martiana de la Universidad de Guadajara que preside el Dr. Mario Alberto Nájera invitó al Dr. Pedro Pablo Rodríguez, investigador del Centro de Estudios Martianos a brindar el Seminario “José Martí y la unidad latinoamericana” el 10 y el 11 de marzo a la que asistieron estudiantes, profesores y  funcionarios de la Universidad.

El viernes 13 impartía la conferencia titulada “Martí: cultura y nación”, en el Instituto José Martí, institución de solidaridad con Cuba desde hace más treinta  años que desarrolla sus labores.

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José Martí: “Hasta hoy no me he sentido hombre”

Esto escribe el poeta cubano en una preciosa carta escrita entre el quince y el dieciséis de abril de 1895 y dirigida a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra. Con ella sucede un fenómeno recurrente en su escritura, podemos leer ciertos temas o adentrarnos en ciertos hechos de su vida con una técnica intertextual, por decirlo de algún modo, más que por atenernos a una teoría. Por ejemplo, Ismaelillo se debe leer dentro de un conjunto de textos que incluye borradores, apuntes y cartas; los Versos libres están profundamente enraizados en las Escenas norteamericanas y hay cartas y otras zonas de su escritura donde se reflexiona sobre ellos, o donde asoma el estilo, el ataque característico de esos versos; los Versos sencillos van punteando su biografía, sus apuntes, cartas y hasta magníficos ensayos políticos de la hondura de Nuestra América.
Primero describe su sentimiento como parte al fin de la tropa de soldados mambises comandados por el Mayor General Máximo Gómez, ya en Cuba libre:
Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado, y arrastrando la cadena de mi patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo. Este reposo y bienestar explican la constancia con que los hombres se ofrecen al sacrificio.
Y más adelante, luego de narrar los detalles del viaje, el desembarco y la marcha por la manigua, describe el instante de aquella coronación interior de su vida:
Al caer la tarde vi bajar hacia la cañada al general Gómez seguido de los jefes, y me hicieron seña de que me quedase lejos. Me quedé mohíno, creyendo que iban a concertar algún peligro en que me dejarían atrás. A poco sube, llamándome, Ángel Guerra, con el rostro feliz, era que Gómez, como General en Jefe, había acordado, en consejo de Jefes, a la vez que reconocerme en la guerra como Delegado del Partido Revolucionario, nombrarme, en atención a mis servicios y a la opinión unánime que lo rodea, Mayor General del Ejército Libertador. ¡De un abrazo igualaban mi pobre vida a la de sus diez años!
Vienen enseguida a la mente, traídos naturalmente por estas reflexiones de enorme densidad sentimental –o sentimentalidad, una categoría cuya paternidad reclamó en un apunte suyo de estudiante de filosofía. Evocamos enseguida su recuerdo mambí de los días escolares del curso 1868-1869 en el colegio de Mendive: “No recuerdo yo aquellas noches de la calle del Prado, cuando el colegio que llamó él San Pablo porque La Luz había llamado al suyo el Salvador?” y nos cuenta que allí, su maestro seguía con sus amigos “de codos en el piano, la marcha de Céspedes en el mapa de Cuba”. Ya conspiraba entonces, y será condenado a presidio y desterrado a España, donde no dejará de denunciar los horrores de la metrópoli ante los que se llamaban republicanos españoles.
En 1877, le escribe al general Máximo Gómez desde Guatemala una síntesis magistral de su vida de veinticuatro años y de su aspiración:
De mí, tal vez nadie le dé razón, Rafael María de Mendive fue mi padre; de la escuela fui a la cárcel y a un presidio, y a un destierro, y a otro.—Aquí vivo, muerto de vergüenza porque no peleo.—Enfermo seriamente, y fuertemente atado, pienso, veo y escribo.—Veo las pobrezas de estas tierras, y pienso con orgullo que nosotros no las tendremos. En tanto que, en silencio, admiro a los que lo merecen, y envidio a los que luchan, sírvase darme las noticias históricas que le pido,—que tengo prisa de estudiarlas y de publicar las hazañas escondidas de nuestros grandes hombres.—Seré cronista ya que no puedo ser soldado.
Nunca publicó este libro que las circunstancias de su azarosa vida no le permitieron terminar. Reclamado por un lado por la pobreza y la necesidad de sobrevivir y ayudar a la familia y entregado a la causa de la emancipación y más tarde a la organización de la Guerra que habría de estallar en 1895, muchos sucedidos pospusieron y al fin frustraron la terminación de este libro y su publicación, ya que no el más profundo e inteligente estudio de la Guerra Grande o Guerra de 1868, cuyo detallado conocimiento fue una de las bases fundamentales de su estrategia futura. Y tanto, que en 1884 renuncia a los trabajos de organización de la guerra de emancipación que era el eje de su vida cuando por desacuerdos de estrategia le escribe a su admirado Máximo Gómez, en una carta dolorosísima que viene a sumarse a este registro temático. Cito in extenso para que se mida el tamaño moral de una renuncia afincada en la raíz de los sueños de un niño:
…y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, embellecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.
Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento:—y cuando en los trabajos preparatorios de una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar todas las labores y elementos que han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia, sino la intención, bruscamente expresada a cada paso, o mal disimulada, de hacer servir todos los recursos de la fe y de guerra que levante este espíritu a los propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se presentan a capitanear la guerra ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?: ¿los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse de él?
Tiemblo al leer esta carta y recuerdo también un verso libre de José Martí:
Donde el alma entra a flor, donde palpitan,
Susurran, y echan a volar, las rosas,
Allí, donde hay amor, allí en las aspas
Mismas de las estrellas me embistieron!—
Y luego vinieron años duros lejos de los trabajos conspirativos.
Finalmente, sin embargo, la embestida terminó poniendo las cosas en su lugar, José Martí organizó la Guerra de 1895 y ya en campaña por los campos de Cuba, acampados en el rancho de Tavera, el día 15 de abril, unas pocas semanas antes de su caída en combate, queda en su diario el testimonio de lo que coronó el sentido de su vida, escrito sencilla y naturalmente, como “un servidor heroico y modesto”. Texto alrededor del cual giran todos los anteriores:
Al caer la tarde, en fila la gente, sale a la cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenes. “¿Nos permite a los 3 solos?” Me resigno mohíno. ¿Será algún peligro? Sube Ángel Guerra, llamándome, y el Capitán Cardoso. Gómez al pie del monte en la vereda de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que, aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.—A la noche, carne de puerco con aceite de coco, y es buena.
Este entrelazamiento de textos encaminados a trazar de manera concisa y rápida momentos de la acción política martiana y de su muy temprana elección del objetivo esencial de su vida, cargados todos de la emoción y de la poesía que dimanan de todos los momentos de su ser sean hoy un homenaje humilde a quien trabajó sin descanso y sin concesiones por su vocación liberadora.

 

 

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Recuerdo de Salvador Arias

Hoy 19 de marzo Salvador Arias hubiera cumplido 85 años  y en el Centro de Estudios Martianos hubiéramos hecho una fiesta íntima, es decir, de sus compañeros de trabajo, y quizás ahora en la tarde, cuando escribo estas breves líneas, estaría cantándonos alguna aria operática.

Siempre admiré su extraordinaria capacidad de trabajo, en la que volcó probablemente  esa cierta ausencia de compañía hogareña que lo caracterizó. Era tozudo y en ocasiones demasiado agresivo en algunos juicios sobre asuntos o personas que  le molestaban. Pero, dada su alma noble y desprovista de vanidades o intereses mezquinos, solía disculparse cuando lo estimaba necesario. Y más de una vez lo miré encogerse de hombros y esbozar una sonrisa algo irónica ante cualquier tontería, banalidad o estupidez de conducta.

Lo importante es, desde luego, que nunca dejó de trabajar, a pesar de  que nunca dispuso de un espacio propio para él y sus libros para hacerlo en lo que pudiéramos llamar su hogar. Por eso la oficina  fue su lugar para leer y escribir, y en ella, mientras pudo,  solía permanecer hasta  la caída  de la tarde o las primeras horas de la  noche, luego de una jornada comenzada bien temprano en la mañana.

Lo importante es, sobre todo, que no perdió tiempo, que fue un cubano entregado a su patria y a su labor de estudioso de las letras cubanas y particularmente  de la escritura de José Martí. Ahí está la prueba en su extensa bibliografía, con indudables informaciones y muy numerosos juicios personales, resultados de su tanta dedicación.  No es posible analizar  la literatura cubana del siglo XVIII ni del XIX, y hasta parte de la del XX, sin dejar de estudiarlo a él y de valerse de sus análisis y de sus juicios.

Eso, el trabajo, fue su recompensa, junto con el disfrute del arte musical y de la cinematografía. No pidió nada y estoy convencido de que fue feliz leyendo, entendiendo y escribiendo acerca de sus temas literarios. Supo trocar  la pluma por el fusil cuando la patria estaba amenazada. No solicitó honores, los recibió quizás con escasez  para todo lo que aportó. Y por todo eso, lo recuerdo con cariño  y respeto, y le agradezco cuánto me ayuda aún con sus textos.

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Un poema dedicado a Martí poco conocido

Hace poco el Coronel(retirado) Hugo Crombet, nieto del general Flor Crombet, me hizo entrega de un precioso documento: el poema que su tía, Flora Crombet, leyó en el acto de inauguración de la primera estatua del Apóstol erigida en la república neocolonial. Inaugurada el 24 de febrero de 1905, en el décimo aniversario del inicio de la guerra del 95, el proceso para llegar a ese día fue bastante inusual.

El semanario ilustrado El Fígaro, del 30 de abril de 1899, llevó a cabo una encuesta que, de modo inicial, se dirigió a personalidades seleccionadas dentro del independentismo y de la intelectualidad cubana, y posteriormente se amplió a los lectores de la revista, y cuyo resultado se publicó el 28 de mayo. Según el jurado, presidido por Enrique José Varona, el primer lugar fue para José Martí con 375 votos.

A pesar de los resultados de la encuesta,al terminar la intervención yanqui el pedestal que ocupó la estatua de la reina Isabel II frente al actual Hotel Inglaterra, en La Habana –retirada en 1899–, continuó vacío hasta que en mayo de 1902, a fin de aprestar el lugar para la inauguración de la República, se colocó una estatua de la libertad similar a la de Nueva York que, devenida para muchos símbolo del carácter anexionista del gobierno que se inauguraba, fue derribada por un ciclón que azotó La Habana, nada menos que el 10 de octubre de 1903, cuando se cumplía el 35 aniversario del inicio de nuestras luchas por la independencia.

Finalmente, una estatua del Apóstol fue construida en mármol de Carrara por el destacado escultor cienfueguero José Villalta Saavedra quien empeñó sus ahorros y pertenencias para completar el precio estipulado para su ejecución. La misma se levantó en el Parque Central, único lugar en Cuba donde se yerguen 28 palmas reales en alusión al día del natalicio del Apóstol, en enero de 1853, y entre las curiosidades que lo distinguen están las ocho tumbas simbólicas en forma de canteros o jardineras, con las cuales se rinde tributo a los estudiantes de Medicina injustamente fusilados por los colonialistas españoles, el 27 de noviembre de 1871.

La ceremonia de inauguración estuvo encabezada por el Generalísimo del Ejército Libertador Máximo Gómez y también asistieron Leonor Pérez, Carmen Zayas Bazán y Amelia Martí. Pero lo que ha sido poco conocido y divulgado es que en dicho acto la hija del General Flor Crombet leyó un poema de la puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, dedicado a Martí, y que la propia poetisa orientó a la adolescente de 11 años el modo de declamar sus estrofas.

A continuación damos a conocer el interesante hallazgo:

A Martí

Por: Lola Rodríguez de Tió

(Recitada por Flora, la hija del general Flor Crombet, al develarse la estatua en el Parque Central de La Habana)

 

Su nombre es una oración

Que eleva la Patria al Cielo

Con voces de bendición

Y, con lágrimas- sin duelo

Arranca del corazón.

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Tan dulce es a nuestro oído

Que, apenas al labio asoma

Parece que hemos sentido

Arrullar una paloma,

Que suspira por el nido.

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¿Quién  no conoce a Martí?

¡No habrá ni un solo cubano

Que al oír su nombre aquí

Diga sin sentirse ufano;

Yo no me olvido de ti!

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Su recuerdo no se acaba,

No hay un alma en que no vibre,

La Patria su esfuerzo alaba,

El, que la soñaba libre

Y la lloró siendo esclava.

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El rimaba sus dolores

En la lira de su alma

Como hacen los ruiseñores,

Que cantan sobre una palma

Bañada de resplandores.

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Y así; soñando, soñando,

Llegó a la Patria ribera

Y se encontró en la trinchera

Donde al viento tremolando

Estaba nuestra bandera.

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¡Qué jubilo, que alegría!

En torno de su corcel,

Que en ansias de gloria ardía,

Martí, la gente decía,

Con la vista fija en él.

************************************

Y, cuando empieza con bríos

A hacer de valor alarde

Al declinar de la tarde

Cayó el Mártir de Dos Ríos

En emboscada cobarde.

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Hubo en la hueste, que avanza

Un instante de estupor,

Pero el jefe un grito lanza

Y se escucha entre el fragor

Clamando; ¡Guerra y venganza!

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Mas… no en vano al Mártir llora

Su hermosa tierra querida;

Si dio en ofrenda su vida

De su sangre redentora

Surge Cuba redimida.

*************************************

Cuba, que fue el ideal

Que llenó su pensamiento,

Cuba, su tierra natal

Hoy consagra un monumento

A su memoria inmortal.

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85 aniversario del natalicio de Salvador Arias

El Centro de Estudios Martianos se armó de prestigio cuando el investigador, Salvador Arias García, en 1994, decidiera contribuir con su saber a esta institución, en la cual permaneció laborando hasta su muerte el 28 de marzo de 2017. Aquí sistematizó sus lecturas de los cuatro números de la revista martiana para los niños de América, abordó aristas novedosas de las Escenas norteamericanas, elaboró un libro singular: Martí y la música, y pudo continuar trabajando con las obras de otros autores cubanos como la edición crítica de El recurso del método, la recopilación de los textos sobre cine de Alejo Carpentier o los ensayos martianos de Jorge Mañach.

Su etapa en el CEM fue también un período importante para la docencia y la preparación de cursos que impartió tanto en Cuba como en el extranjero. En Caracas, gracias a la gestión de Zaida Castro como directora ejecutiva de la Casa de Nuestra América José Martí, se hizo de alumnos que le tributaron cariño. Otro fruto de sus esfuerzos lo constituyó la creación de un participativo método de edición crítica de La Edad de Oro donde colaboraron profesoras universitariasomo Ana Cairo Ballester y María Elina Miranda. Fue un referente y consejero para Maia Barreda en su misión de fijar los textos de la revista de 1889tomo de la Edición crítica de las Obras completas de Martí que saldrá en los próximos años). Gracias a su amistad con la ensayista y poeta Carmen Suárez León, investigadora titular del Centro de Estudios Martianos, Salvador se hizo el hábito de escribir artículos breves para revistas en la web. En la última etapa de su vida mostró una combinación del ensayo académico, donde prima la paciencia, la exposición de fuentes y el razonamiento, con un periodismo cultural sencillo, sazonado de curiosidades y asociaciones literarias que llegan de la lectura continuada y la apreciación sistemática de las artes. Ese es el estilo de su postrero libro Indagaciones y paralelos que bajo la edición de Mariana Pérez se publicará próximamente por la editorial del CEM. Esta obra es el camino del ensayo al artículo, y de este a la reseña.

El investigador literario no debe cansarse de buscar novedosos análisis, ni de estimular la lectura en sus congéneres. A veces los agradecimientos por esa labor llegan de las formas más insospechadas. Recuerdo una anécdota que me hiciera Salvador:

En la década de 1970, él fue al Instituto del Libro a impartir una charla sobre el poema “Los dos príncipes” a los trabajadores de servicio. Para sorpresa suya, al lado de empleadas de limpieza estaba sentado Virgilio Piñera, uno de los escritores más grandes del siglo XX cubano. Salvador, a pesar de reconocerlo, no se dio por enterado, continuó la disertación de cómo Martí ofrece interpretaciones para que el pequeño lector se enfrente a la ambivalencia de la vida y esto lo repite en otros textos de la revista como “Los dos ruiseñores”, “Dos milagros”; “Bebé y el Señor Don Pomposo”, “La muñeca negra” o “Los zapaticos de rosa”. Al terminar de hablar, Piñera se le acercó y lo felicitó. La historia de Salvador terminaba ahí, pero unos meses después de su muerte, mientras desocupaba el buró donde trabajaba, descubrí una cartulina que tenía a lápiz, con una caligrafía que no era suya, lo siguiente: “Grabado de Tabla Resumen. Las ediciones de La Edad de Oro, por Virgilio Piñera”. Al parecer, entre los trabajos que realizó el escritor como corrector y traductor, le habían encomendado hacer un esquema de las ediciones de La Edad de Oro de 1889 a 1972. A través de diferentes cuadrículas el investigador podía encontrar de una ojeada, los lugares, editores y año en que se publicó la revista. Lo menos que se imaginaba aquel día, camino al Instituto, era que en medio del humilde auditorio iba a estar sentado el autor de “La isla en peso” y que posiblemente este le habría de obsequiar tan útil presente. Otro de los valiosos libros realizados en el CEM fue Aire y Fuego en la raíz: Heredia, trinidad de ensayos largos en torno a la poesía y la vida del gran poeta romántico cubano. La palabra escrita de Salvador presenta el don de la claridad, su escritura se muestra de sintaxis limpia, y no hay término teórico ni nombre que quede suelto en lontananza; todo lo explica y advierte, mueve lento y seguro sus enunciados y la corriente de ideas es clara, transparente y luminosa como las marinas de Romañach.

El primer capítulo muestra la vida de Heredia y la recepción crítica de la obra poética del nacido en Santiago de Cuba. La época del poeta es mostrada poco a poco como si nos moviéramos en una barcaza de bambú. Es así como vislumbramos el influjo paterno en la educación primera, el curioso movimiento geográfico donde se van acumulando las naturalezas más absorbentes del Caribe, los cambios de pensamientos e identidades a través de la escritura que va trocando la adoración y respeto por la Madre Patria hacia un culto a la libertad (tan volcánico y ardiente) capaz de identificar en versos a todas las generaciones de cubanos que soñaron con la independencia en el siglo XIX. El segundo capítulo es el más antiguo gestado en el libro. Se trata de un meticuloso ensayo sobre uno de los poemas insignes del gran poeta cubano “En el Teoacalli de Cholula”. Es este un estudio que se concibió como uno de los tantos ejercicios teóricos de la Escuela de Letras, en aquella época de los sesenta que Antón Arrufat llamó “hímnica” y donde Salvador Arias venía de ser el primer presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de la Facultad. El estudio se publicó en la revista Unión de 1974 y es un pormenorizado análisis de estilística – que a la usanza académica – se adentra en las significaciones descriptivas y filosóficas del texto. En el ensayo se estudian las posibles fuentes intertextuales que tuvo el poema y se analiza la versificación, los tropos y adjetivaciones para así establecer puntos de filiación y ruptura romántica, tanto de forma como de contenido.

El tercer ensayo es sobre la relación poética-patriótica de Heredia y Martí; pasiones fuertes y desbordantes de nuestras letras; incluso, el siglo XX, a pesar de la gran pléyade de escritores con que nos honra, carezca de creadores que amaron tan apasionadamente la libertad y el paisaje de la Isla. Y quizás detrás de esto estuvo la perspectiva del exiliado y el hecho de que el dolor por la Patria era más puro, pues se mostraba sobre todo en la angustia por alcanzar la independencia de la colonia extranjera; mas, que complejo se vuelve el sentimiento patrio cuando el conflicto se centra, a partir de 1902, en la lucha de intereses entre los propios cubanos y el mezquino arbitrio neocolonial de los Estados Unidos.

Este volumen sobre Heredia es, sin duda, un libro necesario, para consulta y lectura del lector cubano pues muestra raíz y ala de nuestra poesía. Lejos de la numeración positivista y del empleo de cifras y los porcentajes ha de beberse más que nada la claridad expositiva, el cúmulo de informaciones de las notas finales y el revivirnos la altura de la pirámide donde Heredia respiró el aire de los poetas en lengua náhuatl, o al iris bello que contrasta con la monstruosa caída de agua de las Cataratas del Niágara, o al “Himno del Desterrado”, versos de almohada para el que luchara contra el yugo del coloniaje o sufriera en las venas la lejanía de la isla que no se puede pisar.

En el CEM realizó también Salvador el libro Cartas a jóvenes de José Martí – el cual preparó, introdujo y comentó sabiamente-. Aparentemente es un simple cuaderno, pero nos devela una esencia mayúscula: en los momentos más graves y tremendos de la vida de Martí: el exilio, la preparación y aventura de una guerra de independencia, no faltó la comunicación con los adolescentes y la esperanza en ellos. Todavía cuesta mucho confiar en la juventud, aconsejarla, prepararla para la vida, sembrar en ella el amor al estudio y al trabajo. Los que se agotan con rapidez y dejan a la libre suerte la formación de estudiantes y recién graduados, debieran pensar que cuando nuestro Héroe Nacional no sabía ni cómo llegar a Cuba para reiniciar la lucha, varado en Cabo Haitiano, un 9 de abril de 1895, y con una enorme presión sobre sí, encontró el momento para darle una clase escrita de idioma, traducción y perseverancia de trabajo a María Mantilla: “Aprende de mí” –le dijo-. “Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas: -y ve cuántas páginas te escribo”.

Salvador tuvo el acierto de introducirnos cada texto y brindarnos información valiosísima sobre lo que les contestaban los jóvenes cuando recibían las misivas del escritor. Carmita Mantilla, por ejemplo, de 21 años, le decía jocosamente a Martí “El predicador”, porque cada vez que podía los adoctrinaba de cómo aprovechar el tiempo: “solo el desocupado es desgraciado” –les aconsejaba una y otra vez. Sin embargo, ella, apreció mucho esas recomendaciones de lograr, como mujer, autonomía económica e independencia laboral, y emocionada un día le escribió en agradecimiento: “usted es el hombre más cerca de la perfección que existe”. Panchito Gómez Toro, por su parte, le escribió a su hermanito Máximo, en 1896, ya muerto el cubano universal:

Creo que tú entiendes el mundo como yo y tienes formada una idea de la verdadera grandeza. ¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces!

Dicen que “ningún hombre es grande para su ayuda de cámara” porque en la intimidad, cuando se conoce a los hombres en los detalles, es cuando se ven los defectos; y Martí, cuanto más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba. Así debemos nosotros ser, y nuestra línea de conducta igual en los distintos caminos porque nos lleve el deber.

Y el deber llevó a Panchito -quién convivió con Martí en un viaje por el sur de los Estados Unidos y el Caribe- a estar, unos meses después de escribir esta carta, en el combate de San Pedro; y cuando la propia escolta de Antonio Maceo se alejaba, sin poder rescatar el cuerpo del General, él fue, con su brazo en cabestrillo, a morir a machetazos encima del “Titán de Bronce”. Gracias a su heroísmo, y al de Juan Delgado y sus hombres, no pudieron los españoles llevarse, como habían hecho antes con Martí, el cuerpo preciado de la Patria. Pero ese sacrificio increíble de Panchito, tenía de trasfondo el ejemplo cercano y conocido de Martí. De ahí que esta sea, quizás, una de las principales lecciones de esta antología de Salvador Arias: se debe enseñar sistemáticamente a la juventud, y no cejar en consejos y oportunidades, pero si el emisor de estos preceptos, aquel que pide compromiso y esfuerzo, no basa su discurso en la ejemplaridad, humildad y entrega cotidiana, no espere tampoco grandes resultados.

En el año 2003, Salvador Arias, como parte de una comitiva que visitaba la Facultad de Artes y Letras pasó por mi aula de estudiante. Se interesó brevemente por un trabajo de curso que había realizado entre Valle-Inclán y Virgilio Piñera y recuerdo que le respondí muy tímidamente porque me abrumó su estatura y los espejuelos cuadrados que tenía pegados al rostro. Lo menos que imaginé en aquel entonces es que dos años después sería compañero de trabajo suyo -buró frente a buró- y que por doce años iba a hablar con él no ya de literatura, sino de deportes, cine, música, ofertas del agro o telenovelas brasileñas. En todo este tiempo oficinesco aparecieron anécdotas, risas, discusiones e incomprensiones, pero siempre me maravilló la persistencia de él por defender el tesoro de la literatura cubana y sus paradigmas de escritores: Heredia, Martí y Carpentier. En lo personal, no imagino otro José Jacinto Milanés que no sea el que él nos mostró y siempre admiraré todo el empeño gigantesco que desplegó por develar los secretos de los textos de La Edad de Oro.

Es cierto que su cuerpo se fue consumiendo y afloraron en él más temores, soledad y pesimismo, pero mantuvo hasta al final sus ganas de seguir siendo útil y de no perder su impulso de lector, profesor y escritor.

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Celebra Centro de Estudios Martianos el Día de la Prensa Cubana

Con una conferencia dedicada a resaltar la labor de José Martí al frente del periódico Patria, celebró hoy el Centro de Estudios Martianos (CEM) el Día de la Prensa Cubana, instituido cada 14 de marzo.

Con una conferencia dedicada a resaltar la labor de José Martí al frente del periódico Patria, celebró hoy el Centro de Estudios Martianos (CEM) el Día de la Prensa Cubana, instituido cada 14 de marzo en conmemoración a la fecha de fundación del semanario del Apóstol.

El periodista y profesor universitario Randy Saborit Mora tuvo a su cargo el conversatorio, en el que expuso una minuciosa valoración sobre el papel de Martí como director de Patria y su entrega en cada fase del proceso creativo y editorial de los 167 números que vieron la luz bajo su responsabilidad.

A través de ejemplos de la correspondencia sostenida por el Apóstol con algunos miembros de su equipo de prensa, como Gonzalo de Quesada, Benjamín Guerra y Sotero Figueroa, Saborit demostró cómo este determinó desde el inicio la línea editorial, construyó la agenda mediática y decidió la intencionalidad editorial de la publicación.

El estudioso destacó que a pesar de cumplir con responsabilidades que lo obligaban a viajar con frecuencia, Martí fue todo el tiempo el director de Patria, pues gestionaba imágenes o contenidos a través de cartas, editaba los trabajos de los demás y orientaba a sus colegas en las buenas prácticas desde donde estuviese.

Según Saborit Mora, el Héroe Nacional de Cuba participaba también como escritor en la publicación y le preocupaban de ella detalles como los temas, que podían ser históricos, sociales, sobre la guerra o la república, los títulos, las secciones, los retratos, grabados, la extensión, ubicación y géneros de los contenidos.

Resaltó también su insistencia en que los textos fueran hermosos, pues nunca separó lo artístico y literario de su escritura, a pesar del carácter político y comprometido del semanario.

El profesor de la Universidad de La Habana recordó, en una frase martiana, la esencia del Apóstol y de Patria: “Con todos, para el bien de todos. Ese es el lema de mi vida. Ese será el del periódico”.

Sobre la posición política de la publicación, considerada el órgano del Partido Revolucionario Cubano, manifestó en palabras de Martí que “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento. Por eso, Patria ha de ser ahora un periódico especialmente alto y hermoso.

La vigencia de la palabra y el pensamiento del Apóstol fueron resaltados por la doctora Marlene Vázquez Pérez, directora del CEM, quien felicitó a la prensa por su día, en el acto al que asistió también Nereyda López Labrada, secretaria general del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura.

Tomado de: http://cubasi.cu/

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Costa Rica/Cuba: una revista como puente

Para regocijo de nuestro proyecto académico, cuyo resultado es esta revista inscrita en el quehacer de la Universidad Nacional de Costa Rica y del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), hemos logrado el presente número en colaboración conjunta con colegas del Centro de Estudios Martianos. Amistad intelectual y afectiva de larga data, une nuestros caminos y nuestros anhelos. Este número es resultado de esa cercanía, en hermandad de propósitos, para brindar una mirada a la producción académica que se gesta en Nuestra América.

¿Y qué mejor eje podría unirnos a cubanos y costarricenses, sino el de la luz “nuestro americana” del Apóstol, cuyo pensamiento sigue tan fresco y tan pertinente en nuestro siglo?

Con gran complacencia presentamos Temas de Nuestra América, edición 33-65, coeditada en nuestros institutos, la cual atestigua resultados de una agenda de trabajo conjunta, de mayor alcance, que recientemente hemos establecido, cifrada en la colaboración entre investigadores, en el intercambio de materiales bibliográficos y textos resultados de la labor académica. La propuesta de artículos corresponde a la convocatoria realizada en junio de 2018, tanto en Cuba como en Costa Rica. Nuestro reconocimiento sincero al Dr. Mauricio Núñez Rodríguez, quien es coeditor de este número, por hacer posible esta vinculación académica e intelectual.

El investigador, escritor y artista plástico, Rafael Cuevas Molina, profesor del IDELA, es quien nos brinda el ensayo de apertura al número, donde analiza las culturas populares y las identidades, con un propósito “desacralizador”, como señala el autor, para mostrar que cultura, identidades, nacionalidades, son conceptos mudables, esconden intereses de clase y, por tanto, contradicciones internas, a la vez que juegan el papel de legitimadores simbólicos de planes y proyectos establecidos en las agendas de los grupos sociales, económicos y políticos.

El distinguido historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez, en su ensayo de “Tecun Unam a la Nueva América. Martí y la cultura maya de Guatemala”, nos ofrece la visión de aquella estancia del Apóstol en Guatemala, entre 1877 y 1878, de su admiración por esa rica cultura originaria americana. Dicha estima fue cultivada, sin embargo, desde muchos años antes de sus visitas a la tierra del quetzal, en la adolescencia del gran pensador.

Francisca López Civeira analiza la construcción del concepto Nuestra América y propone que dicha noción contenía una estrategia continental para superar los problemas internos y los peligros externos de la América Latina en época de su recién estrenada independencia.

Nuestro coeditor del número, el Dr. Mauricio Núñez Rodríguez, nos brinda el ensayo, “Aproximaciones al itinerario narrativo de José Martí”. Núñez, experto en literatura, propone en su entrega que el gran interés de la crítica enfocada mayormente en la obra periodística, poética y revolucionaria de Martí, ha dejado un poco de soslayo su obra narrativa.

El investigador realiza un análisis del sistema narrativo de Martí para descubrirnos textos literarios como Irma, Amistad Funesta, Ramona, sin dejar de lado los amados textos de La Edad de Oro y la actividad periodística del José Martí cronista.

El filólogo David Leyva nos descubre “El Dorador, título de una crónica perdida de Martí”, brindándonos pistas sobre este texto respecto al cual el gran pensador cubano hizo petición especial a su amigo y editor, Gonzalo de Quesada, de rescatarlo. Señala a Fina García Marruz, dentro de las pesquisas realizadas por Leyva sobre este texto cuyo ubicación continúa en el misterio, quien apunta al interés especial que Martí concedió a El Dorador, llamando nuestra atención con la solicitud explícita que formuló a de Quesada, concediéndole a El Dorador una importancia por encima de su única novela, lo cual llama poderosamente la atención.

La estimada compañera Marlene Vázquez Pérez, estudiosa de la obra de José Martí, nos propone en su ensayo “El espectro de William Walker y las discordias en Centroamérica. Constantes en la escritura martiana”, un nuevo acercamiento a la riqueza de escritura y visión de este multifacético pensador y prócer latinoamericano. La investigadora apunta a la apetencia de Walker por la pequeña Centroamérica y a su empresa invasora, la cual, según indican estudiosos, significó la primera rendición yanqui, repelida por el ejército comandado por Costa Rica, en mayo 1857. Indica Vázquez: “Este aventurero sin escrúpulos fue, en realidad, un protegido de determinados sectores políticos de su país, sobre todo de los estados del Sur, y no únicamente un filibustero que actuaba por su cuenta” para iniciarnos en una interesante lectura que relaciona a Walker y el análisis de Martí sobre los hechos de la Conferencia Panamericana.

“Las tareas del espíritu en José Martí: últimos días de campaña” es el ensayo que nos propone Mayra Beatriz Martínez, para dialogar sobre espiritualidad y religiosidad.

Estos aspectos nos brindan pautas sobre el posicionamiento humano de Martí respecto a lo sagrado. “Ello contrastaría inevitablemente con el conocido anti dogmatismo martiano, que habría de expresarse en buena cantidad de textos a lo largo de toda su vida, entre los cuales sobresalen, obviamente, aquellos donde asume una mirada crítica al evaluar a la iglesia católica, pero, igualmente, en los que arremete contra la rigidez de las prácticas masónicas —contra el secretismo, concretamente— a pesar de que, como se sabe, pertenecía a esa institución fraternal”, nos propone Mayra.

El aporte a la investigación literaria que realizan los académicos Grethel Ramírez-Villalobos y Gabriel Baltodano-Román con el ensayo que enriquece nuestra publicación, relaciona los desarrollos conceptuales del pensamiento latinoamericano en torno a la disidencia sexual, a partir de aportaciones teóricas de Néstor Perlongher. De esta manera, ambos académicos señalan la importante figura del teórico argentino (1949-1992) en relación “con notables aportaciones al entendimiento de las sexualidades disidentes”. Los investigadores enfocan en su análisis el concepto queer según señalan “tal y como se lo ha empleado en el medio académico hispanohablante, para ahondar en cuestiones poco exploradas e ignoradas, asociadas con la lengua, la nacionalidad y la historia […]. Abner Barrera, académico de origen peruano, profesor en el IDELA, realiza una invaluable reflexión sobre el fenómeno del neopentecostalismo que recorre América Latina, señalando el peligro que representan los fundamentalismos religiosos en el logro de la agenda de lucha de grupos considerados “minorías” por su diversidad, en ella incluida, la orientación sexual, por ejemplo. Esta agenda, que tiene su referente inmediato en los derechos humanos, ha sido cuestionada abiertamente por esta marea fundamentalista, apuntando a la existencia de normas religiosas que proscriben cualquier diversidad y niegan los derechos fundamentales a partir de las nociones de moralidad religiosa.

Sharon López y Silvia Elena Guzmán nos dan cuenta de uno de los resultados de su proyecto académico de extensión. La construcción de zonas de paz, como método de prevención de la violencia y educar en la paz, son ejes de la estrategia pedagógica de trabajo con niñez y adolescencia en zonas vulnerabilizadas de Heredia, Costa Rica. Las investigadoras, expertas en la temática, nos brindan las percepciones que tienen niños y niñas, así como adolescentes, sobre las zonas de paz construidas en sus comunidades.

Evelyn Cerdas es una académica especializada en derechos humanos y educación para la paz que ha trabajado a profundidad los juegos cooperativos, metodología que crea un espacio lúdico para promover la construcción de una cultura de paz. También desde el área de la extensión universitaria, esta propuesta de Evelyn se enmarca en el aprendizaje cooperativo en contraste con el individualismo y la competencia. La teorización que facilita es muy interesante y aporta, en estos momentos en que los paradigmas de competencia total, nos llevan cada vez, con mayor frecuencia, a situaciones de agresión e indiferencia.

Lilia Ramos Valverde, fue una extraordinaria intelectual costarricense. Multifacética, se formó como maestra, destacó en las áreas de la psicología y la psiquiatría, fue directora de editoriales, escritora, poeta y también, la primera mujer en recibir en Premio Nacional de Cultura de Costa Rica. Viajera, logró estudiar en Chile, Estados Unidos y Europa, donde asistió a cursos con Jean Piaget. Una mente brillante como la de Lilia, no podía dejar de tener impronta en el impreso que puso a Costa Rica en el mapa cultural americano, a inicios de 1919, Repertorio Americano, de Joaquín García Monge. Los textos de doña Lilia, publicados de 1932 a 1950 brindan claves del pensamiento de avanzada en lo social, en lo político y en lo educativo de esta mujer visionaria, de verbo agudo y crítico.

Cerramos el número con una nutrida entrega de reseñas y recensiones, que agradecemos profundamente, pues nos ponen en contacto con lecturas comunes, de importancia a nuestros intereses.

Al distinguido grupo de colegas del Centro de Estudios Martianos, nuestra bienvenida más grata a Temas de Nuestra América. Apreciamos y valoramos estos esfuerzos conjuntos por pensarnos, por acercarnos y reflexionar sobre esta Nuestra América, que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. ¡Bienvenidos y bienvenidas las lecturas, con afán de diálogo y conversación amiga de esta nueva edición de nuestra Revista!

En Temas de Nuestra América. Revista de Estudios Latinoamericanos, no. 65, volumen 35, enero-junio, Editorial de la Universidad Nacional, Costa Rica, 2019, pp. 7-10.

Datos de la autora:

Profesora e investigadora. Directora de la Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica. Máster es Estudios Latinoamericanos.

Tomado de: http://www.librinsula.bnjm.cu/

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